

Agencias
México.- Andrés Manuel López Obrador, no te confundas ni pretendas confundirnos: el golpe de Estado al gobierno de Claudia Sheinbaum —del que hablaste en tu video— no viene de la derecha ni de Estados Unidos. Ese golpe ya está en marcha y tú mismo lo construiste. Lo activaste cuando enviaste a tu hermano, Adán Augusto López, a Palacio Nacional para exigir la salida del fiscal Alejandro Gertz Manero. Pasaste por encima del poder que dices defender, y lo más grave: la propia presidenta te lo permitió.
¿Pudo más el presunto líder de la Barredora —al que se investigaba— que quien debía garantizar la independencia de la Fiscalía? Removiste por la mala a un fiscal que ya no te aseguraba la impunidad que tú y los tuyos necesitan para encubrir los escándalos de corrupción acumulados. Desde tu rancho celebras que lo controlas todo: gabinete, Congreso, ministros de la Corte y ahora también una Fiscalía depurada a tu conveniencia. Si eso no es un golpe de Estado, ¿qué es?
Con el pretexto de tu nuevo libro Grandeza —que en justicia habría que llamar Bajezas— regresaste al escenario político con urgencia. Porque sabes que Gertz Manero estaba a punto de judicializar expedientes delicadísimos: los de tu hijo Andy López Beltrán, los de tus hermanos Adán Augusto López y Audomaro Martínez, y las revelaciones vinculadas al escándalo del “Miss Universo Huachicolero”, Raúl Rocha Cantú, pieza gemela del fallecido Sergio Carmona.
En tu libro preparaste tus tres excusas para volver a la calle: un supuesto atentado a la democracia, un riesgo a la soberanía o un golpe de Estado contra Sheinbaum. Pero en los hechos, quienes están intentando desestabilizar al gobierno de Sheinbaum no son la derecha, ni la CIA, ni empresarios: son tus operadores, tu cartel político, tus cuadros de Tabasco.
¿Califican como amenazas a la democracia el asesinato del alcalde de Uruapan, la represión en el Zócalo por parte de tus “cuervos del bienestar” o los bloqueos de agricultores? Claro que sí, porque todas esas operaciones generan presión sobre la presidenta y allanan tu retorno formal al poder. Porque nunca te fuiste. En menos de un año de supuesto retiro, citaste a Sheinbaum lo mismo en Bucareli que en casas de personajes afines, imponiendo condiciones y rompiendo la línea entre jefe de Estado saliente y operador en la sombra.
Lo que dices en tu video de 50 minutos sobre que “ella manda” es, en el fondo, una confesión: sigues siendo el dueño del juego político como líder del llamado “cartel de Tabasco”. Te dolió que Sheinbaum exhibiera desde Pemex el modus operandi del huachicol fiscal vinculado a tu hijo Andy. Te indignó que Omar García Harfuch destruyera 819 laboratorios de fentanilo en 17 estados, evidenciando lo que tú y tus círculos “no veían”. Te molestó que ya no defiendan a tu hijo desde la silla presidencial y que lo relegaran al final de los eventos públicos.
Según tu óptica, Sheinbaum ya no garantiza protección, ni atiende a los tuyos, ni mantiene intacta la impunidad prometida. Y menos lo hará ante las advertencias de Donald Trump o los cambios políticos en América Latina, donde Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Perú y pronto Honduras ya le dieron la vuelta al populismo de izquierda. Esa es la razón de tu narrativa: venderle al pueblo que “viene un golpe de Estado” para presentarte nuevamente como salvador de la patria.
La maniobra para destituir a Gertz Manero —con la sorpresiva irrupción de Adán Augusto en Palacio— fue torpe y evidente. La presidenta no pudo disimular su sorpresa y menos detener el operativo ordenado desde Palenque. De ahí el ultimátum ridículo: “renuncia antes de las 2:00 pm o te destituye el Senado a las 2:30”. La oferta de enviarlo de embajador a Alemania fue solo un disfraz diplomático para una purga política.
Luego impusiste a Ernestina Godoy, contraviniendo protocolos constitucionales. Y ahora preparas el siguiente golpe: tumbar a Omar García Harfuch, el único del gabinete que no responde a tu nomenclatura. Lo quieres fuera porque representa un riesgo real para la impunidad de tu círculo.
Mientras tanto, en la Cancillería, Juan Ramón de la Fuente ya no quiere lidiar con el choque que se avecina con el gobierno de Donald Trump y Marcelo Ebrard ya juega como figura dominante entre economía y relaciones exteriores. Pero no cantes victoria: Sheinbaum aún podría actuar como Cárdenas, López Portillo o Zedillo y marcar distancia de su antecesor si Washington así lo demanda.
Por ahora, desde la Chingada sigues moviendo los hilos. Consumaste tu golpe. Y la esquizofrenia de tu proyecto pasea por los jardines de tu rancho: gallinas del “pueblo bueno” y pavos reales que se sienten intocables, protegidos por su plumaje fifí, símbolo perfecto de la impunidad que has construido.
