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De la redacción
El Buen Tono

El tono del régimen obradorista frente a Estados Unidos se ha endurecido tras la acción militar en Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro, un hecho que ha provocado una alineación total dentro de la cuatroté, incluyendo a la presidenta Claudia Sheinbaum, con la postura política de Andrés Manuel López Obrador.

Este endurecimiento del discurso, lejos de limitarse a una condena diplomática, refleja —según el análisis— un momento de alta tensión en la relación bilateral, en el que Washington observa con creciente desconfianza las posiciones adoptadas desde México y la cercanía política con regímenes señalados por su vínculo con el crimen organizado.

Estados Unidos, bajo el mando del presidente Donald Trump, estaría operando en dos frentes estratégicos: frenar la influencia de Rusia y China en América Latina y desmantelar gobiernos acusados de colaborar con estructuras criminales, una lógica que explicaría la operación contra el régimen venezolano y la presión sobre otros países de la región.

En este contexto, México aparece como una pieza central para la seguridad nacional estadounidense, al figurar de manera constante en investigaciones relacionadas con el trasiego de drogas y redes del crimen organizado. Diversos expedientes judiciales en América Latina contienen referencias directas al país, lo que ha elevado el nivel de escrutinio sobre su clase política.

Aunque estas investigaciones abarcan varios sexenios, en Washington se considera que durante el gobierno de López Obrador se habría profundizado la relación entre política y crimen organizado, al grado de configurar, según esa visión, una economía paralela de carácter criminal. Esto explicaría el interés actual de las autoridades estadounidenses en su figura y en actores clave de su movimiento.

La elevación del tono por parte del gobierno mexicano, particularmente desde la Presidencia, ha generado incomodidad en Washington. Si bien se reconoce una mayor coordinación en temas como el combate al huachicol y la extorsión, persiste la exigencia de iniciar procesos judiciales contra figuras políticas presuntamente vinculadas al crimen organizado, una petición que no ha sido atendida de fondo.

De acuerdo con la columna del periodista Raymundo Riva Palacio, publicada en El Financiero, este escenario coloca a la relación entre México y Estados Unidos en una fase de tensión creciente, con riesgos políticos y diplomáticos de alto impacto para ambos países.

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