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Agencias

Tlalnepantla, Edomex.— En un discurso marcadamente nacionalista y de autopromoción política, la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró este viernes que “México sigue siendo la esperanza del mundo”, al tiempo que defendió las acciones de su gobierno y del movimiento que encabeza, durante un acto realizado en la plaza central de Tlalnepantla, municipio gobernado por Morena.

La mandataria presumió como un logro histórico la elección judicial, pese a que el proceso de julio pasado registró apenas 13% de participación ciudadana, con casi 10% de votos anulados, cifras que evidenciaron el desinterés y la desconfianza social. Aun así, Sheinbaum afirmó que México es “el único país” donde el Poder Judicial es electo por el pueblo y recurrió a referencias históricas para reforzar su discurso, aunque incurrió en imprecisiones al equiparar figuras y contextos.

El evento, convocado oficialmente para las 17:30 horas, comenzó con retrasos y desde las 15:00 horas ya había trabajadores municipales pasando lista y tomándose fotografías, lo que reforzó la percepción de movilización corporativa. Parte de los asistentes se retiró antes o apenas inició el acto, reflejando un desgaste en la capacidad de convocatoria del gobierno federal, incluso en territorios controlados por su partido.

Sheinbaum acudió al municipio para entregar tarjetas de programas del Bienestar, eje central de su mensaje, en el que volvió a contrastar su administración con gobiernos anteriores y a presentar la dispersión de recursos públicos como principal política social. También prometió obras de infraestructura básica, destacando la pavimentación y el combate a los baches, propuestas que fueron recibidas con mayor aplauso que el discurso ideológico.

El acto dejó ver la distancia entre la narrativa oficial y la realidad: mientras la presidenta habla de un país ejemplar ante el mundo, la baja participación ciudadana, la dependencia de programas sociales y la necesidad de resolver problemas básicos como calles en mal estado reflejan un escenario menos triunfalista. Más que un mensaje de unidad nacional, el evento se convirtió en un ejercicio de propaganda política sostenido por recursos públicos y estructuras partidistas.

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