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De la redacción
El Buen Tono

Ciudad de México.— La polémica que rodea a Juan José “Pepillo” Origel y al abogado Rodolfo Reus Medina deja al descubierto cómo el poder mediático y jurídico puede disfrazar posibles irregularidades. Mientras Reus Medina enfrenta acusaciones serias por fraude, lavado de dinero y huachicol fiscal, Origel parece jugar con la frivolidad y el humor para evadir cualquier cuestionamiento, poniendo en riesgo su credibilidad y la percepción pública sobre integridad.

La conducta de Origel, que minimiza rumores de lavado de dinero y propiedades millonarias con comentarios irónicos, refleja una irresponsabilidad alarmante. Su actitud no solo trivializa delitos graves, sino que también normaliza la falta de ética y la impunidad en círculos donde el poder mediático y financiero se entrelazan.

Reus Medina, por su parte, representa el lado más oscuro de esta ecuación: un abogado señalado por actividades ilícitas que, en lugar de enfrentar consecuencias, parece beneficiarse de la cercanía con figuras públicas como Origel, reforzando la sensación de impunidad que permea en ciertos sectores.

Ambos personajes muestran cómo la fama y el poder pueden ser usados como escudos, dejando claro que la mezcla de frivolidad mediática y complicidad con personas cuestionadas no solo es reprochable, sino peligrosa para la confianza pública. La crítica no es menor: estamos ante un ejemplo de cómo la impunidad y la irresponsabilidad pueden camuflarse tras la sonrisa de la televisión.

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