

Adriana Estrada
El Buen Tono
Ixtaczoquitlán.- Un olor agudo a putrefacción, que pica en la garganta y se clava en la nariz, da la bienvenida a lo que fue el alma de Cuautlapan. Donde antes fluía agua cristalina y el sonido de las risas de niños chapoteando, hoy se extiende un silencio angustiante por el afluente enfermo. Desde mediados de diciembre, la comunidad de Cuautlapan vive sumida en la incertidumbre y el temor, viendo cómo su fuente de vida, el manantial conocido como “La Cuesta”, agoniza ante sus ojos, envenenada por una contaminación cuyos orígenes exactos aún son imprecisos

El paisaje ha cambiado. El agua que abastecía a las zonas de La Cuesta y Barrientos ya no es transparente, ahora los habitantes muestran en sus rostros una preocupación que se contagia y se mezcla con la tristeza de ver como la naturaleza está agonizando y hasta la fecha no hay un remedio para curarla
La afectación de la contaminación del afluente, va más allá de lo sensorial, pues a casi un mes del olor penetrante a putrefacción y el color negro del agua, varias familias han presentado dolores de cabeza persistentes, erupciones en la piel y, en los casos más alarmantes, sangrados nasales, tras haber tenido contacto con el agua contaminada.

La angustia se mezcló con la evidencia científica, pues a iniciativa de los habitantes, a finales del año pasado, los vecinos tomaron muestras del agua, resultados que les dieron a conocer este fin de semana, donde el descubrimiento de los contaminantes que tiene el agua del manantial es sinónimo de catástrofe ambiental y sanitaria, pues el análisis arrojó la presencia de fierro, manganeso y coliformes fecales.
