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AGENCIA

Bolivia.- La reciente decisión del gobierno de Bolivia de permitir el retorno de la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) reavivó la tensión política y social en el país, particularmente en el Trópico de Cochabamba, bastión histórico del expresidente Evo Morales.

Dirigentes cocaleros de la región confirmaron que se reforzó el esquema de seguridad en torno al exmandatario ante el temor de una posible detención o extradición, luego de que el gobierno del presidente Rodrigo Paz anunciara el regreso de la agencia estadounidense al país.

De acuerdo con información difundida por la agencia AFP, el incremento de la vigilancia coincide con la ausencia pública de Morales y con el sobrevuelo de un helicóptero en la zona, presuntamente con personal vinculado a la DEA, ocurrido el pasado 8 de enero. A partir de ese momento, el ex presidente dejó de participar en actos públicos y suspendió sus intervenciones en medios de comunicación.

Aquilardo Caricari, dirigente cocalero cercano a Morales, confirmó que se activó una “alerta máxima” en la región. Señaló que la guardia campesina pasó de aproximadamente 2 mil a cerca de 7 mil integrantes, desplegados en caminos y comunidades estratégicas del Trópico de Cochabamba.

La DEA fue expulsada de Bolivia en 2008, durante el gobierno de Morales, bajo el argumento de injerencia política. Su retorno ha generado inquietud entre los sectores afines al exmandatario, quien enfrenta desde hace más de un año una orden de aprehensión por un caso de presunta trata de una menor, acusación que ha negado públicamente.

Según dirigentes sindicales, el principal temor es que, tras una eventual detención, Morales sea vinculado con delitos de narcotráfico o terrorismo, lo que podría derivar en un proceso de extradición a Estados Unidos. La preocupación se sustenta en antecedentes recientes, ya que Bolivia es el tercer productor mundial de cocaína, según datos de la ONU, y varios exjefes policiales ligados al combate antidrogas durante su gobierno han sido encarcelados o extraditados.

Entre ellos destaca el caso del coronel Maximiliano Dávila, extraditado en 2024 por su presunta participación en el envío de grandes cargamentos de droga al extranjero.

Desde el 8 de enero, Morales no ha reaparecido públicamente. Sus allegados señalan que se encuentra “a resguardo” fuera de Lauca Eñe y que enfrenta un cuadro de dengue, aunque no han precisado su ubicación.

La tensión aumentó luego de que Morales dejara de conducir su programa dominical transmitido por la radio Kawsachun Coca, medio utilizado durante años como canal directo con sus bases. Su ausencia fue interpretada como una señal de alerta por parte de los sindicatos cocaleros, cuyos integrantes mantienen vigilancia permanente y, según reportes locales, se han organizado con palos y piedras para impedir cualquier intento de detención.

En este contexto, el presidente Rodrigo Paz pidió públicamente a Morales que abandone el Chapare y acuda a La Paz si desea dialogar con el gobierno. “Que venga a La Paz, será atendido por quien corresponda, pero que no haga de esto política”, declaró el mandatario, quien también pidió al ex presidente actuar con “humildad”.

El retorno de la DEA, la falta de apariciones públicas de Morales y el refuerzo de la seguridad en el Trópico de Cochabamba han colocado a Bolivia en un escenario de alta tensión política. Mientras el gobierno insiste en la vía institucional, los sectores cocaleros se mantienen en alerta ante lo que consideran una posible acción en contra de su principal líder.

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