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De la redacción
El Buen Tono

Tras un infarto cerebral, la recuperación de un paciente no depende únicamente del tiempo o de la rehabilitación física. En el cerebro se activan procesos internos casi inmediatos que pueden definir si una persona logra recuperar funciones o enfrenta secuelas permanentes. Comprender estos mecanismos se ha convertido en una prioridad científica, y en México, investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) están aportando nuevas claves.

Especialistas del Instituto de Fisiología Celular (IFC) de la UNAM estudian el papel de diminutas estructuras conocidas como vesículas extracelulares, partículas microscópicas que las células liberan de manera natural y que funcionan como mensajeros biológicos. Estas vesículas podrían ser fundamentales para entender cómo el cerebro intenta reorganizarse y sanar después de un evento cerebrovascular.

El infarto cerebral, la forma más común de enfermedad cerebrovascular isquémica, ocurre cuando una arteria que lleva sangre al cerebro se obstruye, generalmente por un coágulo. La falta de oxígeno provoca daño neuronal en cuestión de minutos y puede derivar en la pérdida del habla, el movimiento, la memoria o la visión. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, cada año se registran más de 15 millones de casos en el mundo, con millones de muertes y personas que quedan con discapacidad permanente.

En México, la Secretaría de Salud ha señalado que la enfermedad vascular cerebral se encuentra entre las principales causas de muerte y discapacidad adquirida en adultos, lo que subraya la relevancia de entender no solo el evento agudo, sino también los procesos de recuperación posteriores.

Las vesículas extracelulares transportan proteínas, lípidos y fragmentos de material genético, como microARN, de una célula a otra. En el sistema nervioso, esta comunicación es clave para coordinar la respuesta al daño, la inflamación y la plasticidad neuronal, es decir, la capacidad del cerebro para reorganizar sus conexiones.

Después de un infarto cerebral, no solo las neuronas resultan afectadas. Células de soporte como los astrocitos también responden al daño y pueden liberar vesículas extracelulares con señales que influyen en la supervivencia celular y en los procesos de reparación. Estas partículas han sido estudiadas como posibles biomarcadores del daño cerebral y como una vía futura para favorecer la regeneración neurológica, aunque la mayoría de los estudios aún se encuentran en fases preclínicas.

Durante el Primer Congreso de la comunidad biomédica de la Licenciatura en Investigación Biomédica Básica, realizado en enero de 2026, el director del IFC, Luis Tovar y Romo, presentó avances sobre la importancia de estas vesículas en la recuperación de funciones cerebrales tras un infarto. El equipo del Instituto plantea que la recuperación espontánea observada en algunos pacientes no depende solo de la generación de nuevas neuronas, sino también de las moléculas transportadas por las vesículas extracelulares.

De acuerdo con los investigadores, al ser captadas por otras células, estas vesículas modulan respuestas moleculares esenciales para la supervivencia neuronal y la reorganización de circuitos cerebrales. Este fenómeno podría explicar por qué algunas personas logran recuperar parcialmente funciones semanas o incluso meses después del evento cerebrovascular.

Los mecanismos han sido observados principalmente en modelos de laboratorio, donde la administración de vesículas extracelulares provenientes de células cerebrales sometidas a falta de oxígeno ha mostrado efectos positivos en la recuperación funcional posterior al infarto. Aunque se trata de investigación básica, los hallazgos amplían la comprensión de la capacidad del cerebro para autorrepararse y abren la puerta a posibles estrategias terapéuticas en el futuro.

Este tipo de investigaciones también se desarrollan en otros países, donde grupos de neurociencia analizan cómo el contenido molecular de las vesículas extracelulares podría correlacionarse con la recuperación funcional de los pacientes. La meta es complementar los tratamientos actuales y crear un entorno biológico más favorable para la reorganización cerebral.

Especialistas coinciden en que aún se requiere investigación rigurosa y ensayos clínicos en humanos antes de que estas estrategias puedan aplicarse de forma generalizada. No obstante, el estudio de las vesículas extracelulares demuestra cómo la ciencia básica puede abrir nuevas rutas para enfrentar uno de los problemas de salud pública más complejos a nivel mundial: el infarto cerebral.

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