

AGENCIA
Nacional.- A casi una década de su creación, el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) volvió a quedar bajo escrutinio luego de que la presidenta Claudia Sheinbaum reconociera públicamente que el esquema “no ha funcionado muy bien” y anunciara que su administración promoverá modificaciones de fondo.
El reconocimiento resulta significativo, ya que el SNA fue respaldado, defendido y posteriormente controlado por el mismo movimiento político que hoy gobierna el país. Morena, desde su llegada al poder, prometió convertirlo en un eje central del combate a la corrupción, pero los resultados han sido limitados, mientras los grandes casos de desvío de recursos y opacidad siguen sin resolverse.
Durante su conferencia matutina realizada en la Cineteca Nacional de Chapultepec, Sheinbaum sostuvo que el sistema actual no ha cumplido con su objetivo principal y adelantó que se impulsarán reformas para “empoderar a la ciudadanía” y facilitar la denuncia de actos de corrupción. Sin embargo, el diagnóstico llega después de años de parálisis institucional, falta de nombramientos clave y debilitamiento de los contrapesos que el propio SNA contemplaba.
La mandataria afirmó que su gobierno busca dotar de mayores herramientas a las personas que enfrentan prácticas corruptas, pero no explicó por qué, durante el sexenio anterior, el sistema operó sin fiscales anticorrupción plenamente autónomos, con comités incompletos y con escasa coordinación entre dependencias, pese a contar con el respaldo legislativo de Morena.
Uno de los puntos que más inquietud genera es el anuncio de que el Ejecutivo federal propondrá a los integrantes del Comité de Participación Ciudadana, aun cuando la ley establece que dicha facultad corresponde al Senado. Esta intención abre cuestionamientos sobre la verdadera independencia ciudadana del sistema y refuerza las críticas de que el SNA ha sido progresivamente absorbido por el poder político.
El Sistema Nacional Anticorrupción fue concebido como un mecanismo autónomo de coordinación entre autoridades federales, estatales y municipales para prevenir, investigar y sancionar la corrupción. No obstante, bajo los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación, ha sido señalado por organizaciones civiles como un entramado burocrático debilitado, sin dientes y sin voluntad política para enfrentar los casos que involucran a funcionarios de alto nivel.
Ahora, el mismo gobierno que impulsó y administró el sistema reconoce su fracaso y plantea reformarlo, sin asumir responsabilidades claras por su desmantelamiento gradual. Mientras tanto, los escándalos de corrupción heredados y recientes siguen sin castigo, confirmando que el problema no ha sido solo el diseño del SNA, sino el uso político que se ha hecho de él.
Que conveniente pasarle la responsabilidad a los ciudadanos, si realmente quiere combatir la corrupción y que esto funcione que el Fiscal General de la República sea apartidista, tenga autonomía e independencia para investigar y con ello procesar, sin que le rinda cuentas al Presidente.
Hoy no funciona por que sigue siendo selectiva y protectora, y el Poder Judicial vuelva a ser autónomo, por eso debe haber división de poderes. Lo que propone Sheinbaum no va a funcionar por que cuando se señale alguien de su partido, el sistema de justicia seguirá siendo protector y el ciudadano será el investigado.
Se le dijo desde hace mucho y ella no creía; si lo está haciendo y declarando es por lo que ha pasado últimamente en Latino América en donde las últimas elecciones han perdido la izquierda y teme que eso pase en el 2027, por eso no debieron afiliar a gente del PAN y del PRI, tanto se luchó para que no siguieran ellos y al final terminaron abrazándolos como si fueran hermanos, ¡puros balazos al pie ¿Cómo seguir confiando?
