

AGENCIA
Regional.- Con la llegada de los frentes fríos más intensos de la temporada invernal, las zonas montañosas del país suelen amanecer cubiertas por un manto blanco que con frecuencia se confunde con nieve. En muchos casos, sin embargo, se trata de la cencellada, un fenómeno meteorológico que transforma el paisaje en un escenario cristalino al recubrir árboles, rocas y estructuras con finas agujas de hielo.
A diferencia de la nieve u otras precipitaciones, la cencellada no cae del cielo. Se forma directamente sobre las superficies expuestas, dando lugar a estructuras heladas que parecen crecer en contra de la gravedad y del viento.
Este fenómeno se genera cuando coinciden tres factores: niebla, viento y temperaturas bajo cero. La niebla está compuesta por diminutas gotas de agua líquida que, en zonas de gran altitud, pueden encontrarse a temperaturas inferiores a los cero grados centígrados sin congelarse. Cuando el viento empuja estas gotículas sobreenfriadas contra superficies sólidas como ramas, postes o barandales, el agua se congela de manera instantánea al contacto. El hielo resultante se acumula progresivamente y crece en forma de plumas o agujas orientadas en sentido contrario al viento.
En regiones tropicales y subtropicales como México, la cencellada es característica de la alta montaña y suele presentarse a partir de los tres mil metros sobre el nivel del mar. Es un fenómeno recurrente en elevaciones como el Cofre de Perote, el Pico de Orizaba, el Nevado de Toluca y el Iztaccíhuatl, principalmente durante la madrugada y las primeras horas de la mañana, antes de que el aumento de la temperatura derrita las delicadas formaciones de hielo.
Aunque visualmente similar, la cencellada es distinta a otros fenómenos invernales. La nevada es una precipitación que cae desde las nubes en forma de cristales de hielo o copos que cubren el suelo de manera uniforme. La helada o escarcha, en cambio, se produce cuando el vapor de agua del aire se condensa y congela sobre superficies frías durante noches despejadas y sin viento, formando una capa fina y blanquecina. La cencellada se distingue porque se origina a partir de gotas de niebla líquida que se congelan al chocar con objetos, creando estructuras puntiagudas que sobresalen.
Pese a su atractivo visual, la cencellada también implica riesgos. El peso del hielo acumulado puede provocar la caída de ramas, cables eléctricos o antenas de comunicación. En carreteras de montaña, este fenómeno puede generar capas de hielo extremadamente resbaladizas, conocidas como hielo negro, que representan un peligro para los automovilistas.
Ante estas condiciones, las autoridades recomiendan a quienes planean visitar zonas de alta montaña mantenerse atentos a los avisos de Protección Civil, evitar riesgos innecesarios y acudir con el equipo térmico adecuado para enfrentar las bajas temperaturas.
