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Administración tras administración, la ciudad acumula obligaciones financieras sin lograr el crecimiento que sí ven otras ciudades similares. Un problema estructural que trasciende colores partidistas.

Alejandro Aguilar
El Buen Tono

Córdoba, Ver.- Mientras ciudades de tamaño similar como Orizaba, Xalapa o incluso municipios más pequeños como Fortín de las Flores reportan crecimiento económico sostenido, mejoras en infraestructura y atracción de inversiones, Córdoba parece condenada a un ciclo perpetuo: endeudarse para sobrevivir, no para crecer.

Los últimos reportes financieros revelan una cruda realidad: el municipio carga con una deuda de $69.6 millones de pesos, con pagos mensuales que superan el millón y medio de pesos, y un plazo que se extiende hasta el 2036. Pero lo más alarmante no es la cifra en sí, sino lo que representa: 28 años de compromisos financieros que hipotecan el futuro, sin que se observen los saltos cualitativos que justifiquen tal nivel de endeudamiento.

UN PROBLEMA ESTRUCTURAL, NO PARTIDISTA

Lo que los números muestran es un patrón que se repite independientemente del partido en el poder o del perfil del alcalde:

Deuda como parche, no como inversión: Los recursos obtenidos mediante endeudamiento parecen destinarse a cubrir funcionamiento básico, no a proyectos transformadores. Mientras otras ciudades utilizan crédito para parques industriales, sistemas de transporte moderno o infraestructura digital, Córdoba sigue estancada en la misma matriz económica de décadas.

Crecimiento cero en competitividad: Comparada con municipios similares, Córdoba ha perdido posición en rankings de atracción de inversiones, calidad de vida y desarrollo económico. Ciudades que hace 20 años estaban por debajo, hoy muestran centros tecnológicos, corredores comerciales dinámicos y empleos mejor remunerados.

La trampa del cortoplacismo: Cada administración hereda deudas de la anterior y contrae nuevas, creando un círculo vicioso donde hasta el 10% de los ingresos municipales deben destinarse al servicio de la deuda, limitando precisamente la inversión que podría generar crecimiento real.

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