

Veracruz, México. – En un fenómeno que ha escalado la violencia en México, los cárteles del narcotráfico han comenzado a utilizar munición de calibre .50 fabricada en la planta Lake City Army Ammunition Plant, propiedad del gobierno de Estados Unidos, diseñada originalmente para uso militar, incluyendo rifles y ametralladoras de gran potencia.
El caso más conocido ocurrió el 30 de noviembre de 2019 en Villa Unión, Coahuila, cuando un convoy armado intentó incendiar el ayuntamiento. Los agresores, equipados con rifles y ametralladoras calibre .50, superaron a la policía estatal y local hasta la llegada de refuerzos militares. El enfrentamiento dejó cuatro policías, dos civiles y 19 miembros del cártel muertos, mientras que las calles del pueblo quedaron cubiertas de casquillos con las iniciales “L.C.”, correspondientes a la fábrica estadounidense.

Investigaciones del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y The New York Times muestran que la munición de Lake City ha llegado al mercado civil en Estados Unidos y, a través de redes de contrabando, ha sido introducida a México, donde los cárteles pagan altas sumas por estas armas y balas. Desde 2012, la ATF ha incautado más de 40 mil cartuchos calibre .50 cerca de la frontera, un tercio de ellos provenientes de Lake City. Esta munición ha sido utilizada para ataques contra helicópteros, vehículos blindados, policías y civiles.
El flujo de armas de alto poder ha expuesto la vulnerabilidad de las fuerzas mexicanas frente a los cárteles. Entre los casos documentados, se incluye el ataque de 2024 en el que balas incendiarias perforantes calibre .50 de Lake City alcanzaron un convoy policial, causando heridos y daños severos a blindajes. Familiares de víctimas, como Brenda Aparicio Villegas, quien perdió a su esposo policía en Michoacán, denuncian que las autoridades no han logrado frenar el tráfico de estas armas y que la población paga el precio de su uso indiscriminado.
La legislación estadounidense prohíbe desde 2000 la venta de munición perforante calibre .50 a civiles, aunque las versiones estándar y algunas variantes modificadas han seguido llegando al mercado. Expertos señalan que la potencia de estas armas permite a los cárteles atacar a distancias de más de un kilómetro y medio, superando incluso a unidades blindadas del Ejército y la policía.
Autoridades estadounidenses han incautado miles de cartuchos en operativos y procesado a redes de tráfico, incluyendo exmarines que vendieron rifles Barrett calibre .50 al Cártel de Jalisco Nueva Generación. Sin embargo, las ventas a través de minoristas en línea continúan, lo que mantiene el flujo de munición militar a grupos criminales.
Vecinos de Villa Unión recuerdan con temor aquel ataque de 2019. El exalcalde Sergio Cárdenas narró cómo el ruido de las armas calibre .50 estremecía el aire y obligó a la población a atrincherarse en sus casas. “Los narcotraficantes consiguen todo… pues consiguen las mejores armas de Estados Unidos”, afirmó.
El caso evidencia el grave desafío que representa el tráfico de armas de alto calibre desde Estados Unidos a México, y la necesidad de reforzar los controles y la cooperación internacional para evitar que estas municiones sigan alimentando la violencia organizada en el país.
