

AGENCIA
Cuba.- La economía de Cuba enfrenta uno de sus momentos más complejos en décadas. A más de 60 años del embargo impuesto por Estados Unidos en 1962, la isla atraviesa desde la pandemia de 2020 su peor crisis en 30 años, marcada por inflación de dos dígitos, apagones prolongados y escasez de alimentos, medicamentos y combustibles.
El país caribeño, con 9.7 millones de habitantes, ha sufrido cinco apagones generales desde finales de 2024, algunos con duración de varios días. En varias localidades, los cortes eléctricos alcanzan hasta 20 horas diarias, afectando la actividad productiva y la vida cotidiana. Cuba produce apenas un tercio del combustible que consume, lo que agrava su dependencia energética externa.
Durante años, la isla aseguró su suministro petrolero mediante un acuerdo con Venezuela, firmado en 2000 bajo el gobierno de Hugo Chávez, que contemplaba el envío de crudo a cambio de servicios médicos y profesionales. Sin embargo, la crisis venezolana y las sanciones estadounidenses redujeron drásticamente esos envíos, que pasaron de 90 mil barriles diarios en su punto más alto a un promedio actual de entre 30 mil y 35 mil barriles.
En este contexto, México ha incrementado su papel como proveedor energético. La presidenta Claudia Sheinbaum declaró que el país se ha convertido en un “proveedor importante” de petróleo para Cuba. Reportes internacionales indican que en 2025 México exportó un promedio de 12,284 barriles diarios a la isla, equivalente al 44% de sus importaciones de crudo, superando a Venezuela. No obstante, el gobierno mexicano no ha detallado públicamente los términos contractuales ni los mecanismos de pago.
La situación se complica con la advertencia del expresidente estadounidense Donald Trump, quien afirmó que no habrá más petróleo ni recursos para Cuba y urgió a alcanzar acuerdos antes de que la situación empeore, en un contexto de mayor presión política.
En el plano económico, el Producto Interno Bruto cubano ha caído 15% en los últimos seis años. Tan solo en 2025, el decrecimiento fue de 4%, y organismos regionales proyectan una nueva contracción de 1.5%. Aunque la inflación se ha desacelerado, se mantiene en 14.07% interanual, según datos oficiales.
La crisis también tiene un fuerte componente demográfico. Entre 2022 y 2023, la población se redujo en 18%, situándose en aproximadamente 8.62 millones de habitantes, impulsada por una ola migratoria sin precedentes. Las remesas enviadas desde el exterior, principalmente desde Estados Unidos, constituyen una de las principales fuentes de divisas, con montos cercanos a los 1,972 millones de dólares en 2023, pese a las restricciones impuestas por Washington.
A la presión económica se suma la vulnerabilidad climática. En los últimos años, huracanes de gran intensidad han provocado severos daños en infraestructura, viviendas y cultivos, agravando la fragilidad productiva de la isla.
Ante este panorama, el gobierno cubano ha flexibilizado parcialmente su modelo económico. Desde 2021 permitió mayor participación de pequeñas y medianas empresas, que hoy representan alrededor del 15% del PIB y emplean a más del 30% de la población activa. Además, amplió la dolarización parcial de la economía para captar divisas.
Cuba enfrenta así un escenario de recesión prolongada, alta dependencia energética externa, presión internacional y transformaciones internas limitadas, en un intento por contener una crisis que combina factores estructurales, sanciones y choques externos.
