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AGENCIA

CDMX.- Petróleos Mexicanos, Petróleos Mexicanos (Pemex), regresará esta semana al mercado de deuda en pesos mexicanos con una emisión de bonos por 31 mil 500 millones de pesos, su primera colocación local de este tipo en seis años. Aunque la operación es presentada como una señal de confianza del mercado, en el fondo exhibe la fragilidad financiera estructural que la petrolera estatal arrastra desde hace más de una década.

La emisión, que se realizará a través de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), contempla certificados bursátiles en tres series -Pemex 26, Pemex 26-2 y Pemex 26U- con plazos de entre cinco y 10 años y tasas fijas y variables. El movimiento forma parte de un programa de financiamiento de hasta 100 mil millones de pesos autorizado por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV).

Sin embargo, lejos de destinarse a inversión productiva o a la modernización de su infraestructura, los recursos obtenidos se usarán principalmente para refinanciar vencimientos de deuda local que Pemex enfrenta este mismo año. En otras palabras, la petrolera no reduce su dependencia del endeudamiento, sino que patea el problema hacia adelante, alargando plazos sin atacar las causas de fondo de su deterioro financiero.

El regreso de Pemex al mercado ocurre en un contexto en el que otras grandes empresas mexicanas han aprovechado condiciones financieras relativamente favorables para emitir deuda, impulsadas por la expectativa de recortes en la tasa de interés del Banco de México. No obstante, a diferencia de emisores privados con balances más sanos, Pemex carga con un historial de alto apalancamiento, baja rentabilidad y una pesada dependencia del respaldo fiscal.

Analistas del mercado anticipan que 2026 podría convertirse en uno de los años más activos para las emisiones de deuda corporativa en México, impulsado también por los elevados vencimientos que enfrentan grandes emisores en los próximos años. En ese entorno, la colocación de Pemex podría verse favorecida por el apetito de los inversionistas institucionales, más que por una mejora real en sus finanzas.

Incluso los comentarios optimistas, como los del estratega de Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), que señalan que un fuerte interés por la emisión podría allanar el camino para futuras colocaciones, contrastan con la realidad operativa de la empresa: baja producción, problemas de liquidez, adeudos con proveedores y una dependencia permanente del apoyo gubernamental.

Pemex sostiene que el uso de financiamiento en pesos ayudará a reducir la exposición cambiaria de su deuda y a avanzar hacia la autosuficiencia financiera proyectada para 2027. No obstante, esa meta luce lejana mientras la estrategia siga centrada en refinanciar pasivos y no en transformar un modelo de negocio que ha demostrado ser financieramente insostenible.

Así, la nueva emisión de deuda no representa un punto de inflexión para Pemex, sino un recordatorio de su vulnerabilidad. Más que una señal de fortaleza, el regreso al mercado de bonos evidencia que la petrolera sigue atrapada en un ciclo de endeudamiento continuo, con costos crecientes para las finanzas públicas y sin una ruta clara de salida.

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