

De la Redacción
El Buen Tono
Orizaba.- Lo que alguna vez fue una sede operativa de la Secretaría de Educación de Veracruz (SEV) en la región de Orizaba, hoy es el reflejo más evidente del desinterés y la descomposición administrativa: un edificio en el olvido, un delegado que no pisa su oficina desde hace más de un año, y una institución que sobrevive con “parches” mientras los ciudadanos y trabajadores padecen la precariedad.
Ángel Huerta Anzures, primo del ex titular de la SEV y actual diputado Zenyazen Escobar, lleva más de 12 meses sin presentarse en la Delegación Regional de Orizaba. Su ausencia no es producto de una comisión o una promoción, sino de una restricción judicial que le impide acercarse a la dependencia y a la víctima que lo denunció por acoso sexual. Sin embargo, su baja no ha sido oficializada, y mucho menos se ha nombrado a un reemplazo con facultades plenas.
Ante la ausencia del delegado, la respuesta ha sido, cuando menos, improvisada: designar a una coordinadora interina que, de acuerdo con quejas de trabajadores, carece de atribuciones reales para tomar decisiones. “No hay quien dé la cara ni quien resuelva. Todo está detenido. No tenemos instrucciones claras y el edificio se cae a pedazos”, denunció un empleado.
El resultado es un vacío de poder que ha normalizado el deterioro. Las filtraciones, la falta de mantenimiento y los servicios básicos colapsados son ya parte del paisaje cotidiano de la delegación, donde tanto visitantes como trabajadores se enfrentan al indignante estado de los sanitarios: los de uso general llevan meses descompuestos, pero al no haber una dirección que autorice o gestione las reparaciones, simplemente han sido abandonados.
El único baño en funcionamiento se encuentra dentro de la oficina del delegado ausente. Aunque nadie la ocupa, permanece cerrada con llave. Para usarlo, los empleados deben solicitar permiso y enfrentarse a un sistema de descarga que parece sacado de otro siglo: es necesario meter la mano directamente en la caja del agua para manipular el mecanismo.
La situación no sólo evidencia la falta de liderazgo, sino también una preocupante normalización de la precariedad laboral y administrativa. Mientras tanto, los ciudadanos que acuden a realizar trámites se topan con largas esperas, información contradictoria y, en muchos casos, con la imposibilidad de resolver sus gestiones por la falta de firmas o autorizaciones.
La pregunta que surge es: ¿por qué la SEV mantiene en el cargo a un delegado que no puede ejercer y que enfrenta señalamientos graves por acoso? La respuesta, en los hechos, apunta a una red de complicidades y una alarmante falta de voluntad política para poner orden en sus propias filas.
Orizaba merece una delegación funcional, con personal capacitado y condiciones dignas. Pero mientras la Secretaría de Educación siga priorizando la lealtad sobre la eficiencia, el edificio de la SEV seguirá siendo un símbolo de abandono, y sus trabajadores, rehenes de un poder que no asume su responsabilidad.
