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AGENCIA

Nacional.- El costo mínimo para que una familia pueda sobrevivir en México alcanzó niveles históricos al arranque del año. En enero, un hogar de cuatro integrantes requirió al menos 19 mil 372 pesos mensuales para cubrir sus necesidades básicas en zonas urbanas como la Ciudad de México, y 13 mil 863 pesos en áreas rurales, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Se trata de las cifras más elevadas desde que se tiene registro.

El propio organismo informó que el costo conjunto de la canasta alimentaria y no alimentaria —base de la Línea de Pobreza por Ingresos— sigue avanzando a un ritmo que rebasa la capacidad real de los ingresos laborales. En las ciudades, una persona necesitó 4 mil 843 pesos mensuales para adquirir bienes y servicios esenciales, un incremento anual de 3.9 por ciento (%). En el medio rural, el monto fue de 3 mil 465 pesos, con un alza de 3.7%.

Para los hogares, el golpe es mayor. En solo un año, el ingreso mínimo necesario para una familia urbana pasó de 18 mil 642 a 19 mil 372 pesos, mientras que en zonas rurales subió de 13 mil 369 a 13 mil 863 pesos. Aumentos que, aunque constantes, no vienen acompañados de mejoras proporcionales en salarios ni en condiciones laborales.

Alejandro Gómez, economista y fundador de Grupo de Asesores en Economía y Administración Pública, advirtió que estas cifras reflejan una presión inédita sobre los hogares. Señaló que lo indispensable —alimentos, transporte, educación y servicios básicos— se encarece más rápido que el promedio de los precios, lo que agrava la pérdida del poder adquisitivo.

El Inegi identificó que en enero los mayores incrementos se concentraron en la alimentación, el transporte público y los rubros de educación, cultura y recreación en zonas urbanas. En el ámbito rural, además de los alimentos y el transporte, destacaron los cuidados personales. El problema se agudiza al observar que solo para alimentación, una familia de cuatro integrantes necesitó casi 10 mil pesos mensuales en las ciudades y más de 7 mil 400 en el campo.

La consecuencia social es contundente. En 2024, alrededor de 46 millones de personas —35.4% de la población— no contaban con ingresos suficientes para adquirir ambas canastas, es decir, uno de cada tres mexicanos vivía por debajo de la Línea de Pobreza por Ingresos. Aún más grave, 12.1 millones de personas no lograron cubrir siquiera la canasta alimentaria, ubicándose en pobreza extrema.

Organismos como México ¿cómo vamos? han advertido que la inflación alimentaria castiga con mayor fuerza a los hogares de menores ingresos. Mientras las familias del decil más bajo destinan más de la mitad de su gasto a alimentos, los hogares con mayores recursos apenas asignan el 14%, una brecha que profundiza la desigualdad.

El encarecimiento de productos básicos como el bistec de res, la leche y los alimentos consumidos fuera del hogar, así como el aumento en bebidas azucaradas impulsado por el ajuste al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios, evidencia que las decisiones fiscales y el comportamiento de los precios impactan directamente en la mesa de millones de familias.

Los datos oficiales confirman una realidad incómoda: vivir en México cuesta cada vez más, y para millones de hogares el ingreso ya no alcanza ni para lo esencial. Mientras las cifras rompen récords, la política salarial y social sigue sin cerrar la brecha entre el costo de la vida y lo que realmente gana la mayoría de la población.

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