

**ASF encontró expedientes incompletos en contratos de adquisiciones y obra pública
EL BUEN TONO
Región.- En el imaginario colectivo, Orizaba es ese cantito de eficiencia, esa postal impecable que el alcalde Juan Manuel Diez Francos ha vendido como su legado. Mientras el resto de Veracruz se hunde en el olvido, el edil presume “crecimiento”, “buen gobierno” y hasta una “Escoba de Platino” traída desde España para limpiar su imagen . Sin embargo, detrás del brillo de postal y de las encuestas de Mitofsky que le otorgan un respetable 53.4% de aprobación , se esconde un sótano fiscal que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) se ha encargado de ventilar, y el tufo es, cuando menos, incómodo para un alcalde que se las da de administrador implacable.

Resulta que mientras Don Juan Manuel se quejaba amargamente de que en la Legislatura lo tratan como “el patito feo” y le recortan el presupuesto , en su casa las cuentas no le salían precisamente por falta de recursos, sino por una creatividad administrativa digna de un premio… de investigación fiscal.
La ASF, con esa falta de sensibilidad para los logros propagandísticos, ha publicado la auditoría 2088 , y el diagnóstico es un puñetazo en la mesa del “Orizaba sí puede”. Resulta que en la “joya de las Altas Montañas” se gastaron 52.7 millones de pesos del gasto federalizado, y aunque el municipio se jacta de revisar el 100% de la muestra, los auditores descubrieron que la “buena administración” del priísta prefirió ahorrarse el engorroso trámite de integrar expedientes.

La magia de hacer dinero sin papeles
Para nadie es un secreto que el alcalde es un experto en administrar la escasez. Tan experto es, que cuando la ASF le pidió ver los papeles de dos contratos de adquisiciones (uno de ellos por más de 10 millones de pesos en camionetas), los expedientes resultaron tan vacíos como las promesas de campaña. Faltaba el dictamen técnico y económico, faltaban las garantías de cumplimiento, y por supuesto, faltaban las cotizaciones. ¿Para qué perder el tiempo pidiendo tres cotizaciones si uno ya sabe a quién quiere beneficiar?

Pero la joya de la corona no es la flojera documental, sino el toque de “clase empresarial” que el alcalde quiso imprimirle al proceso. La ASF detectó que, para la compra de las famosas camionetas (contrato MOV/LS/TES/202430118/004), la empresa ganadora y una de las participantes resultaron ser “uñas y carne”. Resulta que, aunque formalmente eran competidoras, en la práctica estaban vinculadas entre sí por lazos societarios, lo que en el mundo real se llama “simular competencia” para quedarse con la jugosa licitación .

