

**El caos está en las oficinas, no en las calles.
Alejandro Aguilar
EL BUEN TONO
Córdoba, Ver.- El Ayuntamiento difunde fotografías de mesas de diálogo con comerciantes ambulantes y promete “soluciones viables”. Los documentos internos obtenidos vía transparencia revelan una gran opacidad: la Jefatura de Comercio opera sin padrones, sin actas, sin registros y sin la más mínima capacidad de demostrar qué ha hecho en materia de regulación comercial.
El discurso oficial culpa al ambulantaje del desorden. Los papeles, sin embargo, acreditan que el verdadero caos administrativo se encuentra del otro lado del escritorio.
“NO SE LOCALIZÓ”: LA EXCUSA DE CAMPOS MEZA
El Jefe de Comercio, José Francisco Campos Meza, ha respondido a cinco solicitudes de información distintas con una variación de la misma fórmula: “No se cuenta con esta información ya que fue generada por la administración pasada” y, “después de realizar una búsqueda minuciosa y exhaustiva de los archivos físicos y digitales que corresponden a la entrega-recepción no se localizó dicha información”.
La excusa se repite en los oficios JC/124/2026, JC/128/2026, JC/130/2026, JC/126/2026 y JC/131/2026, todos fechados el 16 de febrero de 2026. Las solicitudes ciudadanas requerían: el padrón de establecimientos con venta de alcohol, los permisos para tianguis y vía pública 2025-2026, las actas de verificación a comercios, los horarios autorizados por mercado, las concesiones y licencias de funcionamiento. En todos los casos, la respuesta es idéntica: no existen registros.
La administración pasada se llevó los papeles, pero la actual no ha generado uno solo. Esa es la única conclusión posible.
AMBULANTES: EL CHIVO EXPIATORIO PERFECTO
La Jefatura de Comercio confiesa por escrito que no tiene padrones, ni actas, ni registros de incidencias. El discurso público del Ayuntamiento señala que “la presencia del comercio ambulante en la vía pública representa un riesgo” y anuncia la elaboración de “un padrón de vendedores ambulantes”.
No hay padrón de ambulantes, pero tampoco hay registro de los establecimientos formales, ni de las inspecciones, ni de las multas, ni de los horarios autorizados. El ambulante se convierte así en el rostro visible de un problema cuya raíz está en la absoluta incapacidad administrativa para ordenar el comercio en cualquiera de sus formas.
