

De la redacción
El Buen Tono
La reciente detención del expríncipe Andrés, duque de York, bajo sospecha de conducta inapropiada en un cargo público, se suma a una larga lista de polémicas que han marcado a la familia real británica desde el reinado de Isabel II hasta la actual etapa encabezada por Carlos III.
Durante los más de 70 años de reinado de Isabel II, la monarquía enfrentó diversos escándalos que afectaron su imagen pública. Uno de los primeros ocurrió en la década de 1950, cuando la princesa Margarita se vio obligada a renunciar a su relación con Peter Townsend debido a que él era divorciado, situación que generó un fuerte debate dentro del gobierno y la Iglesia.
Décadas después, la familia real volvió a ocupar titulares con el matrimonio entre Andrés y Sarah Ferguson, cuya relación terminó en medio de polémicas mediáticas, problemas financieros y señalamientos por sus vínculos con el financiero Jeffrey Epstein. Recientemente, varias empresas ligadas a Ferguson cerraron tras nuevas revelaciones relacionadas con ese caso.
Otro momento crítico se vivió con la entrevista de Diana, princesa de Gales en 1995, donde habló abiertamente de su matrimonio con el entonces príncipe Carlos y la relación de este con Camila Parker Bowles. Sus declaraciones provocaron una crisis institucional que culminó con el divorcio de la pareja.
La muerte de Diana en 1997 aumentó el escrutinio público sobre el Palacio de Buckingham, especialmente por la reacción inicial considerada fría por parte de la familia real, lo que obligó a la reina a pronunciar un mensaje público antes del funeral.
Años más tarde, el príncipe Príncipe Harry también protagonizó controversias, desde escándalos juveniles hasta su salida oficial de la familia real junto a Meghan, duquesa de Sussex en 2020. La pareja denunció presiones internas y problemas relacionados con el trato recibido dentro de la institución.
Sin embargo, el caso más grave ha sido el del expríncipe Andrés, señalado por su relación con Epstein y por presuntos encuentros con víctimas del financiero. Tras perder títulos y funciones oficiales, su reciente detención marca un hecho sin precedentes en la historia moderna de la monarquía británica y representa uno de los mayores desafíos para la institución bajo el reinado de Carlos III.
