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AGENCIA

Perote, Ver.- En los campos de la comunidad de El Conejo la escena resulta contradictoria: parcelas llenas, bodegas saturadas y camiones detenidos sin un destino claro. La abundancia de papa, lejos de representar prosperidad, detonó una crisis que mantiene en incertidumbre a los productores de esta zona del municipio de Perote.

El ciclo agrícola 2025 rompió con los años recientes de sequía. Las lluvias constantes favorecieron una producción superior a la prevista; sin embargo, el incremento en el volumen cosechado rebasó la capacidad de absorción del mercado, provocando un desplome en los precios.

Mariano Domínguez López, uno de los agricultores afectados, explicó que el kilogramo de papa se paga actualmente en alrededor de un peso, mientras que el costo de producción se estima en aproximadamente ocho pesos. “Estamos trabajando prácticamente para perder. No sale ni para recuperar lo que invertimos”, expresó.

El problema no se limita al precio. Productores señalan que los compradores mayoristas redujeron de manera drástica sus pedidos. Si anteriormente se comercializaban hasta mil cajas por semana, ahora apenas se colocan entre 100 y 200, lo que ha generado acumulación de producto en bodegas y grandes volúmenes que incluso permanecen sin cosechar.

Ante el riesgo de gastar más en el corte y el traslado sin garantía de venta, algunos agricultores han optado por dejar la papa en el campo. De prolongarse esta situación, estiman que para abril podrían registrarse pérdidas de hasta el 50 por ciento de la producción, debido al deterioro natural del tubérculo con el paso del tiempo.

En El Conejo, el cultivo de papa representa la principal fuente de ingresos para decenas de familias. La caída del precio impacta directamente en su economía, al dificultar la cobertura de gastos básicos como alimentación y la compra de insumos para el siguiente ciclo agrícola.

Frente a la falta de apoyos inmediatos o mecanismos que regulen el mercado, los productores hacen un llamado a impulsar el consumo local y regional como una alternativa para evitar que la cosecha termine desperdiciada. Mientras tanto, en los surcos permanece una producción abundante que hoy simboliza no riqueza, sino la fragilidad del campo frente a los vaivenes del mercado.

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