

Asegura que tiene que haber un desmantelamiento de todas sus redes.
Omisiones de gobiernos panistas le salen al paso
De la Redacción
El Buen Tono
CDMX.- El senador panista advierte que abatir líderes sin desmantelar estructuras genera más violencia, pero su propia autocrítica de 2018 revela que durante los gobiernos de Fox y Calderón tampoco se rompió el “pacto de impunidad” que permitió la operación del crimen organizado.
Ciudad de México, 24 de febrero de 2026.— Apenas 24 horas después de que la Junta de Coordinación Política del Senado emitiera un pronunciamiento conjunto respaldando al gabinete de seguridad por el operativo que culminó con el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, el coordinador parlamentario del PAN, Ricardo Anaya Cortés, lanzó una advertencia: eliminar al líder de un cártel es insuficiente si no se desmantela toda la organización.
“La historia reciente demuestra que cuando únicamente se detiene o abate al líder de una organización criminal, esta se fragmenta y genera disputas internas. Esa fractura suele traducirse en más violencia”, declaró Anaya durante un encuentro con medios.
El legislador reconoció que la caída del capo representa “un avance”, pero subrayó que resulta insuficiente si no se acompaña de una estrategia integral de inteligencia que desmantele redes financieras, operativas y políticas. Enfatizó que es indispensable “romper cualquier vínculo entre grupos delictivos y funcionarios públicos, incluidos alcaldes, gobernadores y ministerios públicos”, pues esos nexos permiten la operación territorial del crimen organizado.
“Nos faltó romper el pacto de impunidad”
Sin embargo, las propias declaraciones del senador panista, registradas en 2018 durante su campaña presidencial, contradicen la postura que ahora sostiene. En aquel entonces, Anaya reconoció abiertamente que los gobiernos del PAN —encabezados por Vicente Fox y Felipe Calderón Hinojosa— avanzaron en varias agendas, como la transparencia, pero admitió que “faltó decisión para sepultar el régimen corrupto y clientelar del PRI”.
“Reconocemos que nos faltó desmantelar a ese régimen priista corrupto y clientelar; nos faltó romper con el pacto de impunidad”, declaró Anaya en un mitin en Mérida, Yucatán, durante la contienda electoral de 2018.
Esta autocrítica cobra relevancia ahora que el senador exige al gobierno federal desmantelar por completo las estructuras del Cártel Jalisco Nueva Generación. Durante los sexenios panistas (2000-2012), la estrategia de seguridad se centró en la captura o abatimiento de líderes del narcotráfico: desde la aprehensión de Osiel Cárdenas Guillén en 2003, hasta el abatimiento de Arturo Beltrán Leyva en 2009 y la captura de Édgar Valdez Villarreal, “La Barbie”, en 2010. En todos estos casos, las organizaciones criminales se fragmentaron y la violencia se recrudeció, exactamente el fenómeno que Anaya ahora advierte.
El debate en el Senado y la ola de violencia
Las declaraciones del coordinador panista se dan en medio de una jornada de violencia post-operativo que, según cifras oficiales, dejó 74 personas fallecidas en todo el país —entre ellas 25 militares—, 252 bloqueos carreteros en 20 estados y decenas de comercios incendiados.
El propio Anaya propuso que el Senado debata el tema este martes, iniciativa que fue aprobada sin problema por Morena. Habrá que ver cuál es el enfoque que dará la oposición al suceso que, lamentablemente, representa la cifra más alta de militares muertos en cualquier hecho en el país en décadas.
Mientras tanto, desde el oficialismo, el Grupo Parlamentario de Morena calificó el operativo como un “golpe histórico” al crimen organizado y respaldó la estrategia de seguridad impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum. El secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla Trejo, aseguró que la acción fue resultado de labores de inteligencia y negó la participación de fuerzas extranjeras.
La contradicción en el discurso
Analistas políticos señalan que la postura de Anaya refleja la encrucijada de los partidos de oposición: por un lado, respaldaron institucionalmente el operativo a través de la Jucopo; por otro, critican la estrategia de seguridad del gobierno federal. Pero la inconsistencia más notable, apuntan, es que el discurso actual del panista omite que durante los gobiernos de su partido tampoco se logró desmantelar las estructuras criminales más allá de la captura de sus líderes.
“Cuando Anaya dice ‘la historia reciente demuestra que abatir líderes sin desarticular estructuras genera más violencia’, está describiendo exactamente lo que ocurrió durante los gobiernos de Fox y Calderón”, comenta un analista consultado. “Su autocrítica de 2018 lo confirma: reconocía que no se rompió el pacto de impunidad. Hoy exige al gobierno actual hacer lo que el PAN no hizo en doce años”.
El debate en el Senado promete ser álgido. Por lo pronto, el país se mantiene en expectativa ante el posible reacomodo interno del CJNG y el riesgo de nuevas disputas. Para Ricardo Anaya, el desafío no es solo teórico: tendrá que explicar por qué su receta para desmantelar organizaciones criminales no se aplicó cuando su partido tuvo la oportunidad de hacerlo.
