

AGENCIA
Internacional.- Las declaraciones de la Casa Blanca tras la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, exhiben una vez más el doble rasero con el que Estados Unidos juzga la violencia fuera de sus fronteras, mientras ignora -o justifica- su propio historial de intervenciones militares y operaciones encubiertas en otros países.
La advertencia de “graves consecuencias” si algún ciudadano estadounidense resulta afectado por la violencia en México, pronunciada por la portavoz presidencial Karoline Leavitt, coloca el énfasis no en las víctimas mexicanas ni en la estabilidad regional, sino en la seguridad exclusiva de los intereses de Washington. El mensaje implícito es claro: la vida de los mexicanos queda en segundo plano frente a la de los ciudadanos de EE.UU., aun cuando los hechos ocurren en territorio soberano mexicano.
Resulta particularmente cínico que desde la Casa Blanca se hable de “medidas letales” y de designar a los cárteles como organizaciones terroristas, cuando el propio gobierno estadounidense ha invadido países, promovido golpes de Estado y respaldado conflictos armados con saldos devastadores en Medio Oriente, América Latina y otras regiones del mundo. En esos escenarios, las “consecuencias graves” rara vez se tradujeron en sanciones para Washington, sino en impunidad.
La afirmación de que el operativo contra El Mencho no habría sido posible sin el liderazgo del presidente Donald Trump refuerza una narrativa de protagonismo externo que minimiza la acción de las fuerzas mexicanas y normaliza la injerencia extranjera bajo el pretexto de la cooperación en inteligencia. Que esta versión se difunda en espacios como Fox News no es casual: responde a una agenda política interna que busca capitalizar el discurso de “mano dura” sin asumir responsabilidades compartidas.
Mientras tanto, la violencia desatada tras el operativo dejó decenas de muertos, entre militares, agentes de seguridad y civiles, y paralizó ciudades como Guadalajara y Puerto Vallarta. Sin embargo, la preocupación central de Washington se centró en los turistas estadounidenses varados, no en la crisis de seguridad que viven millones de mexicanos.
El abatimiento del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación en Tapalpa, estado de Jalisco, y la confirmación de que hubo inteligencia estadounidense, abren nuevamente el debate sobre hasta dónde llega la cooperación y dónde comienza la intromisión. La pregunta de fondo permanece sin respuesta: ¿con qué autoridad moral amenaza Estados Unidos a otros países, cuando su propia historia está marcada por invasiones, guerras preventivas y miles de víctimas civiles que nunca encontraron justicia?
Las acciones criminales incluyeron unos 85 bloqueos en carreteras federales, la quema de vehículos, ataques a gasolineras, tiendas y bancos.
¡Solo Estados Unidos puede hacerle daño a personas extranjeras en su país o dañar a otros países! Se sienten dueños y amos de la tierra que pisan. ¿Aquí qué procede?
