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De la redacción
El Buen Tono

Hace medio siglo se creía que el kakapo, el único loro no volador del mundo originario de Nueva Zelanda, había desaparecido. Sin embargo, el redescubrimiento de algunos ejemplares y un intenso programa de conservación han permitido que esta peculiar ave tenga una nueva oportunidad de sobrevivir.

Durante décadas, el kakapo estuvo al borde de la extinción. Se trata de un ave nocturna, pesada y de movimientos lentos, características que la convierten en presa fácil para depredadores introducidos por el ser humano. Además, su reproducción es poco frecuente, ya que pueden pasar años o incluso décadas entre nidadas exitosas.

A pesar de ello, los esfuerzos de conservación han logrado aumentar la población de aproximadamente 50 ejemplares a más de 200 en los últimos 30 años. Este avance ha sido posible gracias al traslado de las aves a islas protegidas y al monitoreo constante de cada individuo.

El kakapo puede vivir entre 60 y 80 años y pesar más de tres kilogramos. Su rostro recuerda al de un búho y su plumaje verde moteado le permite camuflarse en el suelo del bosque. También es conocido por su fuerte olor, descrito como una mezcla de almizcle y fruta.

La reproducción de esta especie depende de la abundancia de frutos de ciertos árboles, por lo que solo ocurre cada dos a cuatro años. Cuando las condiciones son favorables, los machos emiten sonidos graves para atraer a las hembras, que pueden poner hasta cuatro huevos y criar solas a sus polluelos.

Actualmente, los kakapos sobreviven únicamente en tres pequeñas islas libres de depredadores, donde cada ave es vigilada con dispositivos de rastreo y recibe cuidados especiales para asegurar su reproducción y diversidad genética.

Gracias a estos esfuerzos, los conservacionistas esperan un número récord de polluelos este año, lo que podría acercar a esta singular ave a alejarse definitivamente del riesgo de desaparecer.

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