

AGENCIA
Nacional.- México es uno de los países con mayor diversidad biológica del mundo, una condición que implica una responsabilidad directa en la protección y conservación de sus especies. Entre esta riqueza natural destacan los anfibios, grupo del que el país alberga 419 especies, de acuerdo con registros de AmphibiaWeb, lo que lo coloca como el quinto país con mayor diversidad a nivel global, solo detrás de Brasil, Colombia, Ecuador y Perú.
Sin embargo, esta posición también refleja una problemática alarmante. Diversos estudios internacionales coinciden en que los anfibios son actualmente los vertebrados más amenazados del planeta. Más del 40 por ciento de las especies se encuentran en alguna categoría de riesgo, según los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Entre las principales amenazas se encuentran el cambio de uso de suelo, que afecta a más del 90 por ciento de las especies, las enfermedades emergentes como la quitridiomicosis y los ranavirus, así como los efectos cada vez más severos del cambio climático.
Aunque comúnmente se asocia a los anfibios con ranas y sapos, estos representan cerca del 88 por ciento de las especies conocidas a nivel mundial. No obstante, otro grupo resulta particularmente vulnerable: los caudados, que incluyen salamandras, ajolotes, achoques y tritones. Tres de cada cinco especies de este grupo están en alguna categoría de riesgo, una situación especialmente relevante para México, ya que cerca del 19 por ciento de las especies de caudados del mundo habitan en territorio nacional.
La vulnerabilidad de los anfibios está estrechamente ligada a sus características biológicas. Dependen de la temperatura ambiental para regular su metabolismo y de la humedad para reproducirse y, en muchos casos, respirar a través de la piel. El aumento de las temperaturas y la alteración en los patrones de precipitación pueden provocar deshidratación, fallas reproductivas y la pérdida total de generaciones cuando no se forman cuerpos de agua temporales indispensables para su ciclo de vida.
A ello se suma una limitante crítica: la mayoría de los anfibios tiene una capacidad de desplazamiento muy reducida, generalmente menor a un kilómetro durante toda su vida, lo que dificulta que puedan adaptarse o migrar hacia nuevos ambientes conforme las condiciones climáticas cambian de manera acelerada.
Especialistas advierten que la conservación de los anfibios en México requiere una estrategia integral. Entre las acciones clave se encuentran el fortalecimiento de la investigación científica, el cuidado de cuerpos de agua permanentes y temporales, la ampliación y consolidación de áreas naturales protegidas, así como el desarrollo de programas de conservación ex situ para especies en riesgo extremo.
También se subraya la importancia de combatir la desinformación y los mitos que rodean a estos animales, los cuales han generado rechazo social y han dificultado su protección. La falta de conocimiento científico sobre muchas especies, derivada de la escasez de recursos y especialistas, es otra de las grandes barreras para su conservación.
Pese a que los anfibios son el grupo de vertebrados más amenazado, reciben una proporción limitada de recursos dentro de los planes de conservación. Por ello, investigadores insisten en la necesidad de una colaboración estrecha entre academia, gobierno y sociedad para revertir esta tendencia y garantizar la preservación de un grupo fundamental para el equilibrio de los ecosistemas del país.
