JavaScript must be enabled in order for you to see "WP Copy Data Protect" effect. However, it seems JavaScript is either disabled or not supported by your browser. To see full result of "WP Copy Data Protector", enable JavaScript by changing your browser options, then try again.
PUBLICIDAD
publicidad
PUBLICIDAD

Sandra González
El Buen Tono

ORIZABA.- A tan sólo unos días de la conmemoración del 8M, Día Internacional de la Mujer, el ayuntamiento de Orizaba se ve sacudido por una controversia que pone en tela de juicio la coherencia entre el discurso y la práctica de la regidora tercera, Yamel Paola Arroyo Herrera. Señalamientos de colectivos feministas y activistas la colocan en una situación compleja por un doble discurso: el de haberse identificado como parte de colectivos críticos al gobierno, para hoy, desde una curul, haberles dado la espalda.
La polémica se desató cuando integrantes del colectivo El Chirimoyo denunciaron públicamente lo que calificaron como una “traición” por parte de la edil. Según su denuncia, Arroyo Herrera se acercó a ellos tras una reunión para ganarse su confianza, pero posteriormente fue la primera en retirarles su apoyo. “Se acercó a nosotros después de una reunión diciendo que quería apoyar, que porque era feminista y había estado en Marea Verde y que entendía todos estos procesos.
Fue la primera en darnos la espalda, que quede muy claro eso”, expresaron los integrantes. Ante ello, Marea Verde Altas Montañas aclaró que ninguna funcionaria municipal forma parte de su colectiva.
El conflicto escaló con el testimonio de la activista Karen Castillo, quien afirmó que Arroyo se ostentaba como integrante del Bloque Negro y defendía rayar monumentos como protesta. Castillo recordó que coincidieron en AGLOJOVEN Orizaba, donde la regidora se identificaba como parte de Marea Verde y del contingente radical. La paradoja es evidente: hoy representa al gobierno municipal tras haber participado en protestas que dañaron edificios históricos como el Palacio de Hierro.
Castillo reprochó que tras asumir el cargo, Arroyo abandonó movimientos sociales y la asociación que la impulsó, señalando que un puesto público debería fortalecer la participación juvenil y no desvincularse de las causas.
A ello se suman críticas por ausentismo en actos cívicos, como el Día de la Bandera, lo que refuerza la percepción de falta de compromiso. Con apenas 18 años, Arroyo llegó a la planilla del PRI por su cercanía con juventudes, pero los señalamientos la exhiben como una figura que habría usado el activismo como trampolín electoral para luego desmarcarse de las causas que decía defender.

CANAL OFICIAL PUBLICIDAD