

Sueldos raquíticos, contratos por mes y hojas firmadas en blanco: una policía municipal víctima y victimaria.
De la Redacción
El Buen Tono
Córdoba, Ver.- Con un salario de 8,100 pesos netos al mes, jornadas de 12 por 12 horas y contratos cada 30 días, lo que les impide generar antigüedad y los excluye del aguinaldo. No tienen seguro de vida. La autoridad les ha ordenado buscar otro empleo porque “ahí no hay futuro”. Y, para asegurar su sumisión, los han hecho firmar hojas en blanco mediante las cuales renuncian a todos sus apoyos sin saberlo.
Estos son los hechos concretos que definen la situación laboral de la corporación. No son diagnósticos ni interpretaciones. Son las condiciones reales bajo las cuales opera la fuerza pública en este municipio.
El mecanismo de la indefensión: contratos renovables y cláusulas abiertas
El contrato que firman los policías establece una relación laboral por tiempo fijo. La cláusula primera presenta espacios en blanco para la fecha de terminación, lo que significa que el trabajador acepta un empleo cuya duración desconoce. La cláusula tercera especifica que, al concluir el plazo, la relación termina “sin responsabilidad de ninguna naturaleza para EL AYUNTAMIENTO”. Esto anula de facto cualquier derecho a finiquito o indemnización.
La renovación mensual de estos contratos fragmenta la relación laboral en períodos discretos. El trabajador nunca acumula antigüedad, nunca accede a prestaciones de largo plazo y permanece en un estado de renovación perpetua que la autoridad puede cortar en cualquier momento sin costo alguno.
La denuncia interna: hojas en blanco y obligaciones sin derechos
Los testimonios señalan que han sido obligados a firmar hojas en blanco, documentos que luego son utilizados para formalizar renuncias a prestaciones y apoyos, un mecanismo mezquino de cualquier patrón en Córdoba, como Manuel Alonso Cerezo.
Dicha práctica elimina cualquier posibilidad de reclamo futuro, pues el trabajador ha firmado su propia indefensión sin conocer su contenido. Ninguna mención a sus derechos. El mensaje es crudo: el policía existe para cumplir, no para exigir.
De la precarización al abuso: el circuito que convierte a víctimas en victimarios
La ciudadanía enfrenta cotidianamente actuaciones policiales arbitrarias, abusos de autoridad y solicitudes de dinero. La percepción social identifica al policía como un victimario, como “un ladrón uniformado”. Lo que no es visible es el proceso que lo lleva a ese punto.
Un trabajador que gana 8,100 pesos, que no tiene seguro de vida, que sabe que su empleo puede terminar mañana sin ninguna compensación y que ha firmado su renuncia a derechos en hojas en blanco, opera desde la desesperación.
La famosa “mordida” no es un acto de maldad gratuita: es la búsqueda de ingresos que el salario no cubre. El maltrato al ciudadano no es un exceso de poder: es la expresión de una frustración acumulada contra un sistema que lo trata como desechable.
Estos policías son, al mismo tiempo, víctimas de una estructura laboral depredadora y victimarios de una sociedad que los desprecia sin conocer las condiciones que los producen.
