

Sandra González
El Buen Tono
Orizaba, Ver.- La muerte de Negrita, una gata callejera que estaba preñada, volvió a exhibir el costo silencioso que ha dejado la apertura vehicular del puente del Molino: una zona donde los atropellamientos y envenenamientos de felinos se han vuelto cada vez más frecuentes ante la indiferencia de autoridades y automovilistas.
Vecinos y cuidadores de la zona denunciaron que, desde el inicio de la obra y tras habilitarse el paso vehicular, el lugar se ha convertido en una trampa mortal para los gatos que habitan en los alrededores del Paseo del Arte. El caso más reciente es el de Negrita, conocida por deambular con confianza por el área, quien murió atropellada mientras esperaba ser rescatada por una organización animalista que ya tenía listo un espacio para resguardarla.
La tragedia no terminó con ella. En su vientre llevaba una camada de gatitos que tampoco sobrevivieron, sumando cinco vidas perdidas en un solo instante, un hecho que activistas consideran reflejo de la desprotección que enfrentan los animales en la vía pública.
