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De la Redacción
EL BUEN TONO

Córdoba.- Detrás de la fachada operativa de la empresa Trabal, dirigida por el primer damo, Luis Abella Alvarado, han comenzado a emerger testimonios que describen un entorno de violencia y tortura sistemática contra los operadores de tractocamión.
Estos señalamientos se suman a un historial de cuestionamientos que vinculan el crecimiento del corporativo con rutas logísticas asociadas al traslado irregular de combustibles, actividad conocida como huachicol.
Lejos de ser incidentes aislados, las denuncias apuntan a un esquema de castigos físicos utilizados para amedrentar al personal. Se detalla que, si durante un viaje se reportan faltantes en la carga —como televisores o cualquier otra mercancía—, los choferes son golpeados y torturados frente a sus propios compañeros. El objetivo de estas agresiones públicas es que el resto de los empleados sepa que existe la tortura y que la empresa no tolerará mermas en sus movimientos.
Lo más grave es que Luis Abella se rodea de exmilitares para ejecutar estos actos de violencia. Estos elementos, que aún gozan de sus rangos y del derecho a portar armas de fuego, aplicarían tácticas de sometimiento para obligar a los operadores a firmar documentos en blanco bajo presión.
Ante esta situación, se ha hecho un llamado urgente para que el Ejército Mexicano investigue y degrade a estos exintegrantes de las fuerzas armadas que utilizan sus privilegios para vulnerar a los trabajadores. Este clima de hostilidad y huachicoleo ha generado una alerta entre los conductores de carga pesada, quienes denuncian estar en una situación de total vulnerabilidad legal y física. Mientras estas acusaciones de “tablizas” y tortura crecen, la aparente protección desde el Palacio Municipal de Córdoba ha impedido que las inspecciones laborales lleguen al interior de la transportista de Luis Abella Alvarado.

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