

De la Redacción
El Buen Tono
Córdoba.- La exclusión de Córdoba, Fortín y Yanga de los apoyos de obra que presume el diputado federal Zenyazen Escobar García no pasó desapercibida y, en el análisis político regional, comienza a perfilarse una constante: el respaldo no llega donde no hay control ni margen de operación.
En un video difundido en redes sociales, el legislador destacó gestiones en municipios como Cuitláhuac, Amatlán e Ixtaczoquitlán, incluso ofreciendo maquinaria para trabajos de bacheo; sin embargo, omitió a otros municipios de su propio distrito, lo que desató cuestionamientos.
En Fortín y Yanga, ambos gobernados fuera de Morena, la lectura es directa: sin afinidad política, no hay condiciones para intervenir en decisiones ni en la ejecución de obra, lo que deja a estos municipios fuera del radar del legislador.
Pero el caso más significativo es Córdoba. Durante el proceso político, Zenyazen se mostró cercano al alcalde Manuel Alonso Cerezo; no obstante, tras el reacomodo interno, la relación se fracturó y el legislador quedó fuera de cualquier margen de influencia.
Versiones al interior del ámbito político señalan que el control de la obra pública y las decisiones clave quedó concentrado en el grupo del propio alcalde, particularmente en su primer damo, Luis Abella Alvarado.
Desde entonces, el distanciamiento se tradujo en hechos: promesas como el bacheo que Zenyazen ofreció en campaña nunca se concretaron y hoy Córdoba ni siquiera figura en los apoyos que el propio legislador presume.
El patrón se repite: donde no hay control político, no hay gestión; donde no hay margen de operación, simplemente no hay apoyo.
En Fortín, además, persiste el antecedente de un proceso electoral adverso para su grupo político, mientras que en Yanga la inconformidad crece ante la falta de atención, pese a pertenecer al mismo distrito.
Así, la lógica queda expuesta: los apoyos no siguen a la ciudadanía, siguen al control. Y donde Zenyazen no decide, no hay obra; donde no puede intervenir, no hay recursos. El distrito deja de ser territorio de representación para convertirse en un mapa de conveniencia.
