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AGENCIA

Washington/Medio Oriente.- El cierre intermitente del estrecho de Ormuz, en medio de la confrontación entre Estados Unidos e Irán, ha encendido alertas no solo por el suministro energético global, sino también por sus posibles efectos en el sistema financiero internacional.

La advertencia del presidente Donald Trump, quien exigió la reapertura del paso estratégico, elevó la incertidumbre sobre un eventual bloqueo total del tránsito de petróleo. Este escenario ha traído de vuelta al debate el uso del llamado “petroyuán”, mecanismo que permite la compra y venta de crudo en moneda china en lugar de dólares.

Aunque no se trata de un concepto nuevo, la actual crisis ha reactivado su relevancia, impulsada por la presión de Irán sobre el paso de buques y el papel de China como principal comprador de petróleo a nivel mundial.

El estrecho de Ormuz es una ruta clave por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo y gas del planeta, por lo que cualquier interrupción impacta directamente en precios, seguros marítimos y estabilidad de los mercados.

Reportes de agencias internacionales señalan que, pese a las restricciones, algunas embarcaciones continúan cruzando la zona, incluso mediante maniobras para evadir sanciones. En este contexto, han surgido versiones sobre posibles acuerdos para permitir el tránsito de petroleros a cambio de realizar transacciones en yuanes, lo que reduciría la dependencia del sistema financiero dominado por el dólar.

El esquema del petroyuán se sustenta en la infraestructura financiera desarrollada por China, como los contratos de futuros de crudo denominados en renminbi lanzados en 2018 en Shanghái, diseñados para ofrecer una alternativa al mercado energético tradicional basado en dólares.

Sin embargo, especialistas advierten que, aunque el uso del yuan ha crecido de forma sostenida, el dólar mantiene su posición dominante en el comercio global. Organismos como el Fondo Monetario Internacional señalan que el predominio de la moneda estadounidense sigue siendo ampliamente estable, mientras que el avance del renminbi aún es limitado.

En este escenario, el petroyuán surge más como una herramienta geopolítica y comercial en contextos de crisis que como una amenaza inmediata al sistema financiero internacional, evidenciando cómo la guerra en Medio Oriente también se libra en el terreno económico.

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