

De la redacción
El Buen Tono
A casi 57 años de que Apolo 11 llevara al ser humano a la Luna, el nuevo intento de regresar con el Programa Artemisa ha enfrentado retrasos y complicaciones que han generado cuestionamientos sobre la capacidad actual para repetir aquella hazaña.
Sin embargo, el investigador de la UNAM, Gustavo Medina Tanco, explicó que el problema no es tecnológico, sino un cambio profundo en la forma en que se conciben las misiones espaciales.
Durante la década de los 60, en plena Guerra Fría, el objetivo era demostrar poderío frente a otras potencias. El dinero no representaba un límite, ya que el éxito tenía un valor estratégico y simbólico. Hoy, en contraste, las misiones deben ser sostenibles y financieramente viables.
El especialista señaló que actualmente las agencias como la NASA ya no trabajan solas, sino que dependen de la colaboración con empresas privadas en lo que se conoce como el “Nuevo Espacio”. En este modelo, reducir costos se ha vuelto una prioridad, incluso intentando abaratar los viajes espaciales hasta 100 veces.
Un ejemplo clave es SpaceX, que ha revolucionado la industria con cohetes reutilizables, cambiando la lógica del transporte espacial hacia un esquema más comercial.
No obstante, esta búsqueda de rentabilidad ha ralentizado los avances. Cada componente debe ser probado no solo en términos técnicos, sino también económicos, lo que implica procesos más largos y complejos.
A la par, la competencia internacional ha resurgido. De acuerdo con Medina Tanco, Estados Unidos observa con preocupación el avance de China en la carrera espacial, lo que añade presión al desarrollo del programa Artemisa.
En cuanto a las misiones, Artemisa II no tiene previsto alunizar, ya que su objetivo es replicar lo que fue la misión Apolo 8: viajar alrededor de la Luna, probar sistemas y regresar a la Tierra.
El verdadero reto llegará con las siguientes fases. Aunque inicialmente se esperaba que Artemisa III lograra el alunizaje, los planes han cambiado. Ahora, la NASA contempla más misiones intermedias, incluso sin astronautas, para perfeccionar la tecnología.
Uno de los principales problemas es la falta de frecuencia en los lanzamientos del sistema Orión, lo que limita el aprendizaje técnico. A diferencia de la era Apolo, donde los cohetes se probaban constantemente, hoy los lanzamientos ocurren con años de diferencia.
El panorama apunta a que los primeros intentos de alunizaje podrían concretarse hasta 2028, con varias misiones en un mismo año para acelerar el proceso.
Así, regresar a la Luna no es más difícil por falta de conocimiento, sino por el desafío de hacerlo sostenible, eficiente y dentro de un nuevo modelo económico que redefine la exploración espacial.
