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AGENCIA

Washington.– El gobierno de Estados Unidos, encabezado por el presidente Donald Trump, anunció ajustes en su política arancelaria sobre productos de acero, aluminio y cobre, manteniendo gravámenes de hasta 50% en una amplia gama de importaciones.

De acuerdo con funcionarios de la Casa Blanca, el nuevo esquema busca simplificar la aplicación de los aranceles y responder a las quejas de empresas que habían sido afectadas por la complejidad del sistema anterior.

Entre los principales cambios, se establece que los productos con menos de 15% de contenido de estos metales quedarán exentos de los aranceles, mientras que aquellos considerados “sustancialmente elaborados” con acero, aluminio o cobre enfrentarán una tasa reducida del 25%.

No obstante, se mantendrá un arancel del 50% para numerosos productos derivados, incluidos insumos industriales como tubos de acero, y el cobro se aplicará sobre el valor total del bien importado, no solo sobre su contenido metálico.

La medida forma parte de la estrategia comercial impulsada por la administración Trump bajo la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, con el objetivo de fortalecer la manufactura nacional y reducir la dependencia de importaciones.

El ajuste ocurre tras meses de presión del sector empresarial, que denunciaba que los aranceles previos impactaban incluso a productos con mínima cantidad de metal, elevando costos de manera desproporcionada.

Además, la administración anunció nuevos aranceles a medicamentos importados, con tasas más altas para empresas que no produzcan en territorio estadounidense o que no alcancen acuerdos para reducir precios.

Analistas advierten que, aunque el nuevo esquema podría facilitar el cumplimiento para las empresas, también podría incrementar los costos en ciertos productos, en un contexto económico marcado por la inflación y la tensión internacional derivada del conflicto en Medio Oriente.

La política arancelaria de Trump ha generado fricciones con socios comerciales como Canadá, la Unión Europea, México y Corea del Sur, al tiempo que se perfila como un factor clave rumbo a las elecciones legislativas en Estados Unidos, donde el desempeño económico será determinante.

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