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efraín hernÁndez

El Buen Tono 

Córdoba.- El viacrucis y la Procesión del Silencio del viernes evidenciaron el abandono total de calles y avenidas en Córdoba, donde participantes estuvieron a punto de caer por los baches, dejando al descubierto una realidad que ya no se puede ocultar: el dinero destinado al bacheo no se refleja en la infraestructura, mientras crecen las acusaciones ciudadanas de desvío de recursos en la administración de Manuel Alonso Cerezo, junto con señalamientos hacia su círculo cercano, incluido el primer damo Luis Abella Alvarado, además del director de Obras Públicas, Jorge Guzmán de la Llave, y la regidora de la comisión, Claudia Olga de la Huerta Manjarrez.

A lo largo del recorrido, fieles caminaron entre hoyancos, pavimento destrozado y tramos peligrosos que obligaron a frenar el paso para evitar accidentes. La escena no solo reflejó negligencia, sino la consecuencia directa de trabajos mal ejecutados con materiales de baja calidad que no resisten el uso cotidiano.

Las quejas no se hicieron esperar: habitantes señalaron que, pese a los constantes anuncios de rehabilitación, las vialidades siguen en condiciones deplorables. Para muchos, la explicación es clara: los recursos públicos no se traducen en obras duraderas, sino en acciones superficiales que desaparecen en poco tiempo.

El riesgo fue latente durante toda la jornada, especialmente para adultos mayores y personas que participaban cargando imágenes religiosas, quienes tuvieron que sortear obstáculos que nunca debieron existir. Aun así, denunciaron que para la autoridad municipal estas problemáticas no representan una prioridad real.

Lo ocurrido no fue un hecho aislado, sino una muestra clara del estado que enfrenta la ciudad: calles destruidas, obras deficientes y una administración bajo cuestionamiento constante, mientras la ciudadanía continúa pagando las consecuencias del deterioro urbano.

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