

Laura A. García
El Buen Tono
Región.- En Atoyac y Cuitláhuac se llevó a cabo una de las expresiones de religiosidad popular más arraigadas, la denominada “corretiza de diablos”, que combina elementos prehispánicos y católicos.
La práctica reúne a decenas de pobladores que, ataviados con máscaras, látigos y atuendos coloridos, recorren las calles para representar la lucha entre el bien y el mal en las horas previas a la celebración del Fuego Nuevo en las parroquias.
Durante el paseo, que abarca las principales calles de la Villa General Miguel Alemán-Potrero Nuevo, en Atoyac, y las de Cuitláhuac, los Judas persiguen a los “diablos”.
La tradición indica que, entre tales personajes, encarnados por jóvenes, se esconde uno especial, conocido como “El Gris”, que simboliza al demonio mayor o al espíritu más rebelde.
La meta de la “corretiza” es identificar, acorralar y finalmente detener a esta figura, lo que ocurrió este año en territorio de Cuitláhuac.
La captura del gris provocó la algarabía entre los participantes, pues su aprehensión marca el preludio de la siguiente fase ritual.
Tras ser sujeto, condujeron al personaje hasta un punto designado fuera del templo principal.
Antes de ello, los Judas y diablos llevaron arreglos florales a las tumbas de quienes anteriormente realizaban su participación en Semana Santa, pues está tradición tiene unos 150 años.
Ya entrada la noche, y como parte del ceremonial vinculado al Fuego Nuevo quemaron la figura del diablo gris en una hoguera comunitaria.
Este acto representa la derrota del caos, la renovación de las energías y el compromiso colectivo de comenzar una nueva etapa en armonía.
Con tal ceremonia, los pobladores de Atoyac y Cuitláhuac cerraron así una jornada que refuerza su identidad cultural.
Aunque el evento enfrentó en años recientes críticas por su rudeza, los gestores culturales locales defienden su valor como patrimonio vivo y parte del entorno.
