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SANDRA GONZÁLEZ 
El Buen Tono

Orizaba.- En una de las celebraciones más significativas del calendario litúrgico, la Diócesis de Orizaba llevó a cabo la procesión del Fuego Nuevo, que partió desde la Alameda Francisco Gabilondo Soler “Cri-Crí”, recorrió el Paseo Colón y ascendió por la calle Madero hasta la Catedral de San Miguel Arcángel, donde el obispo Eduardo Cervantes Merino ingresó con el cirio pascual, símbolo central de la vigilia.
En el recorrido participaron contingentes de la pastoral juvenil y grupos de catequesis infantil, quienes acompañaron con fervor este acto que representa la luz de Cristo resucitado en medio de la oscuridad. La presencia de familias completas evidenció la vigencia de esta tradición en la vida comunitaria de la diócesis.
Durante la solemne misa, el obispo dirigió un mensaje enfático sobre el significado del cirio pascual y su traslado por las calles: “Nos habla de la presencia del Resucitado entre nosotros, que queremos que brille. Es una experiencia de fe que se comparte, donde las Escrituras, unidas a la liturgia, nos recuerdan que Él permanece en el centro de nuestra vida”.
En su homilía, también reflexionó sobre las “piedras” que limitan la vida espiritual y social de las personas, evocando el pasaje evangélico de la tumba vacía: “¿Cuántas piedras tenemos que nos impiden vivir? El resentimiento, el dolor o situaciones del pasado que nos mantienen atrapados. El Señor Jesús ha removido esa piedra y nos invita a caminar con Él”. Asimismo, hizo un llamado a los creyentes a ser “buena noticia” en medio de contextos marcados por la violencia, las crisis familiares y los conflictos sociales.
La celebración incluyó al coro y orquesta clásica de Orizaba, dirigidos por Armando López Macip, aportando una gran solemnidad a la liturgia pascual. En este marco, se proclamó el kerigma, recordando que la Pascua no es solo un hecho histórico, sino una realidad viva que sostiene la fe cristiana: la victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio y de la luz sobre la oscuridad.

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