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AGENCIA

Mulegé, Baja California.- Los tradicionales santuarios de reproducción de la ballena gris Eschrichtius robustus en México atraviesan una crisis sin precedentes: De ser refugios de apareamiento y nacimiento, comienzan a transformarse en escenarios de muerte, donde ejemplares llegan debilitados tras recorrer cerca de 10 mil kilómetros desde el Ártico.

Durante un recorrido por Laguna San Ignacio, se documentó el hallazgo de un ejemplar adulto sin vida, con signos evidentes de desnutrición y descomposición, confirmando el deterioro en la salud de la especie. Especialistas advierten que la falta de alimento en sus zonas de alimentación, provocada por el deshielo y alteraciones en el Ártico, está afectando gravemente su supervivencia.

De acuerdo con Sergio Martínez, líder de monitoreo del Programa de Investigación de Mamíferos Marinos (PRIMMA) de la Universidad Autónoma de Baja California Sur, por segundo año consecutivo se registra alta mortandad y baja natalidad en la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno y el Complejo Lagunar Bahía Magdalena.

En cifras, el año pasado se contabilizaron 97 varamientos y en lo que va de la temporada actual ya superan los 50, con un mes aún por concluir. Además, cerca del 13 por ciento de los ejemplares observados presentan condiciones corporales deficientes.

El especialista advirtió que muchos de estos cetáceos no lograrán regresar a sus zonas de alimentación en el norte, ya que mueren en aguas mexicanas o durante el trayecto hacia Estados Unidos y Canadá.

Un cambio preocupante en los patrones de mortandad también ha sido detectado: Mientras en años normales las crías son las más vulnerables, actualmente predominan las muertes de adultos, especialmente machos, lo que refleja un deterioro más profundo en la población.

El llamado Evento de Mortalidad Inusual, declarado en 2018 por la National Oceanic and Atmospheric Administration, redujo la población de ballena gris a menos de la mitad en menos de una década. De casi 27 mil ejemplares, hoy se estiman poco menos de 13 mil.

En cuanto a nacimientos, la situación es igualmente alarmante: En 2026 se registraron menos de 150 crías, una de las cifras más bajas en la historia, muy lejos del récord de mil 600 nacimientos alcanzado en 2004.

A esta problemática se suma el aumento de la temperatura del agua en zonas como Laguna San Ignacio, donde pasó de 15-17 grados a más de 20 grados centígrados, lo que ha provocado que las ballenas adelanten su migración de regreso al Ártico.

Serge Dedina, director de la organización Costa Salvaje, alertó que la ausencia de ejemplares en estos santuarios es alarmante y sin precedentes. Advirtió que un posible fenómeno de El Niño más intenso en 2026 podría agravar aún más el panorama.

Ante esta situación, investigadores han solicitado a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales elevar el estatus de protección de la especie en la Norma Oficial Mexicana 059, para pasar de “bajo protección especial” a “amenazada”.

Asimismo, en la próxima reunión de la Comisión Ballenera Internacional, se propondrán nuevas medidas de protección con base en datos recabados por México, Estados Unidos y Canadá.

En paralelo, prestadores de servicios turísticos han planteado reducir el número de embarcaciones y visitantes en las zonas de avistamiento, como una medida para disminuir el estrés en los animales y favorecer su recuperación.

A pesar del panorama crítico, especialistas y organizaciones ambientales mantienen la esperanza de que la ballena gris pueda adaptarse, como lo ha hecho en el pasado. Sin embargo, coinciden en que esto dependerá de acciones urgentes para reducir el impacto ambiental y frenar el avance del cambio climático.

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