

Adriana Estrada
El Buen Tono
Tlaquilpa.- En el corazón de la Sierra de Zongolica, donde la niebla se enreda entre los maizales como un rebozo de lana y la lengua náhuatl aún se preserva, el eco de un balón rebotando contra el piso de tierra rompe la quietud. No es un balón cualquiera. Lleva la marca de 2 mil, 3 mil, a veces 4 mil dominadas consecutivas. Lo domina Yolett Cervantes, de 21 años, que cambió los aplausos en los auditorios de poesía por el rugido silencioso de su meta.
La semana pasada, su imagen dio la vuelta al país fuera de un estadio, lo hizo en la conferencia matutina de la presidenta, Claudia Sheinbaum, entre gráficas y anuncios de infraestructura, apareció el destello rojo y blanco de un traje típico veracruzano.
Debajo de ese lienzo de identidad, unos pies descalzos “acariciando” una pelota como si estuviera declamando.
Expusieron el video como aspirante del concurso: “Representa a México en la inauguración del Mundial 2026”. Quiere ganar.
Yolett busca el boleto 001. El simbólico de un “Mundial Social”, que. para ella, ya se juega todos los días en las veredas de Tlaquilpa.
Su historia tiene el aroma del café de olla y el ritmo pausado de quien trabaja la lana.
Su padre, un campesino nahua-hablante, le enseñó el alfabeto y, más importante, la lengua náhuatl que llevó a la declamación de poesía, y que por el primer lugar en un certamen la subió a un avión rumbo a España.
Allá, entre monumentos góticos y el acento castellano, descubrió algo que le cambió el destino: un partido de fútbol.
“Me olvidé de la poesía”, confesó con la sinceridad de quien se enamora a primera vista y es feliz.
De vuelta en la montaña, con el mismo tesón con que su familia siembra el maíz, se dedicó a sembrar el balón en el aire de su tierra.
Bajo el techo de lámina de su vivienda, en temporada de lluvias, el sonido de las goteras se convirtió en la medición de su entrenamiento. Sin zapatos, porque la pobreza a veces enseña la técnica más pura, sus pies se curtieron al mismo ritmo del balón.
Su talento la llevó a probarse con los grandes equipos, entre ellos las Chivas, Pumas, Pachuca, Puebla y León que vieron en esa chica de rasgos firmes y mirada tímida una promesa.
Pero el cuerpo, a veces traicionero, dijo «basta». Una lesión en la rodilla frenó su carrera en seco. Muchos habrían guardado los botines en el rincón de los sueños rotos. Yolett no.
Vio en el concurso del Mundial 2026 un atajo para volver al camino. Su video es una exhibición de destreza; un manifiesto textil.
Al enfundarse el traje de su pueblo, donde además busca exhibir el orgullo por sus raíces; a través de un video que exhibieron en “la mañanera” muestra las dominadas que lleva a cabo.
Ahora, mientras el Comité Organizador revisa las casi mil solicitudes de mujeres de México, en Tlaquilpa el silencio es expectante, esperan tener buenas noticias.
Yolett pide el boleto 001, pero también una oportunidad para rehabilitar su rodilla y demostrar que el fútbol femenil indígena también sabe jugar en primera división.
Espera lograr sus sueños y destacar en la disciplina que la hace sentirse bien.
