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De la redacción
El Buen Tono

Señalamientos por ecocidio, daño a infraestructura federal y uso faccioso del poder público recaen sobre Luis Abella Alvarado, quien es acusado de comportarse como el verdadero mandamás en Córdoba, imponiendo obras en la entrada a Amatlán de los Reyes que ya afectan postes de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Las denuncias apuntan a que, junto con el alcalde Manuel Alonso Cerezo, ambos dueños de la empresa Trabal, han convertido la administración municipal en una herramienta para beneficio propio, operando con una impunidad que indigna a la población.

De acuerdo con información recabada, el llamado “primer damo” ordenó encapsular arroyos que descienden desde Praderas de San Miguel hacia Amatlán, alterando de forma agresiva el cauce natural del agua. Estas acciones, ejecutadas sin sustento técnico, no solo representan un atentado ambiental, sino que además han comenzado a deteriorar la base de postes de la CFE, evidenciando un manejo irresponsable y autoritario del territorio.

Trabajadores de la Comisión de Agua del Estado de Veracruz (CAEV), bajo condición de anonimato, confirmaron que no existe notificación ni permiso para dichas obras. Aunque no se tiene certeza sobre autorizaciones de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), el hecho de que la CAEV no tenga registro alguno deja claro que los trabajos se realizaron fuera de la ley. Aun así, las labores continúan, reforzando la percepción de que Abella Alvarado se siente intocable, como si gozara de un fuero que simplemente no tiene.

El historial que arrastran tanto el primer damo como el propio presidente municipal agrava el escenario. Ambos han sido señalados en diversas ocasiones por prácticas vinculadas al huachicol y al huachicol fiscal, lo que ha puesto bajo sospecha sus operaciones empresariales y el origen de sus recursos. Lejos de aclarar estos señalamientos, las recientes obras ilegales refuerzan la imagen de un grupo que mezcla poder político con intereses económicos sin ningún tipo de límite.

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