

El senador busca colocar a Juan Vergel, a quien sus propios círculos consideran un perfil sin peso. Ante eventuales obstáculos en Morena, Huerta ya define un plan B: boicot externo, negociaciones ocultas y filtraciones de colaboradores en otros partidos.
De la Redacción
El Buen Tono
Manuel Huerta intenta insertar a su colaborador Juan Vergel en la candidatura de Xalapa, pese a que su figura carece de reconocimiento público. Si Morena no le concede el espacio, el senador activará un esquema ya utilizado: presionar desde fuera, acordar en privado con otras fuerzas y colocar aspirantes afines bajo distintas siglas. La maniobra afectaría directamente a los militantes que trabajan en territorio.
Fuentes políticas coinciden en que Juan Vergel no tiene presencia electoral en Xalapa. Huerta lo ha presentado como una apuesta propia, pero ni dentro de Morena logra consolidar respaldo. El calificativo recurrente entre analistas es “adocenado”: un operador sin autonomía ni capacidad de convocatoria.
Ante la posibilidad de que Morena designe a otro candidato, Huerta ya socializó su plan alterno. Se trata de reventar el proceso por fuera (impugnaciones o apoyos a independientes), negociar por atrás con direcciones nacionales de otros partidos, y finalmente colocar a sus fichas en siglas como PVEM o PT. Esta triada de acciones la ha ejecutado antes en otros distritos.
El costo más visible lo pagarían los cuadros de Movimiento Naranja (la corriente local que Huerta maneja). Decenas de personas realizan trabajo de calle para posicionarse, pero los acuerdos de escritorio los dejarían fuera. La política, en esta lógica, no suma voluntades sino que premia lealtades personales.
Vergel no prende ni en los círculos que Huerta considera suyos. La operación revela más una necesidad de recolocar piezas propias que una estrategia para ganar elecciones. El resultado previsible: fractura interna y una candidatura débil, sea cual sea el partido que la termine cobijando.
