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Sandra González
El Buen Tono

Orizaba.- La propagación de mensajes como “mañana tiroteo” en redes sociales y espacios escolares encendió las alertas y abrió el debate sobre la necesidad de endurecer sanciones contra quienes difunden este tipo de contenidos, en su mayoría adolescentes influenciados por tendencias virales, así lo manifestó el Vocero de la diócesis de Orizaba, Helkyn Enríquez Báez.
Advirtió que la velocidad con la que se comunican los jóvenes en plataformas como TikTok y WhatsApp tiene un doble filo: facilita la interacción, pero también amplifica conductas de riesgo cuando no existe criterio ni discernimiento. “El fenómeno no es nuevo -recuerdan que en su momento también adultos difundieron información falsa-, pero hoy adquiere una dimensión más delicada al involucrar amenazas que simulan actos de violencia real”.
Los llamados “retos” han escalado a niveles preocupantes. En distintos puntos del país se han detectado mensajes escritos en baños escolares o difundidos mediante capturas de pantalla que anuncian supuestos ataques armados. Aunque en muchos casos se trata de bromas o imitaciones, las consecuencias son tangibles: movilización policial, suspensión de clases y un clima generalizado de miedo entre estudiantes, docentes y padres de familia.
El caso más alarmante en 2026 gira en torno a la frase “mañana tiroteo”, tendencia que ha provocado alertas en al menos 15 estados. A esto se suman otras variantes donde se incita a advertir sobre bombas o ataques masivos, alimentando una psicosis social que vuelve a la población más vulnerable ante cualquier indicio de violencia.
Ante este panorama, el sacerdote destacó que es urgente fortalecer el marco legal para sancionar estas conductas. Argumentó que cuando el ciudadano no regula su comportamiento en entornos digitales, corresponde a la ley intervenir para proteger el bien común, la paz social y la integridad de la comunidad educativa.
Para finalizar, señaló que la falta de regulación efectiva permite que estas prácticas se repitan y evolucionen, por lo que insistió en la necesidad de establecer consecuencias claras que inhiban la difusión de amenazas, incluso cuando se presenten como “juego” o “broma”.

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