

La Oropéndola de Moctezuma es una de las aves más llamativas de las tierras bajas tropicales de México y Centroamérica. De gran tamaño, plumaje castaño y una inconfundible cola amarilla brillante, destaca no solo por su belleza, sino por su peculiar canto, una mezcla de sonidos que recuerda burbujas, metal e incluso interferencia de radio.
También conocida como zacua, papán real o marinero, esta especie fue apreciada desde tiempos prehispánicos. De acuerdo con registros atribuidos a Bernardino de Sahagún, era llamada “tzacua” por los pueblos originarios, quienes utilizaban las plumas amarillas de su cola en el arte plumario debido a su intenso colorido.
Uno de los aspectos más fascinantes de esta ave es su capacidad como “arquitecta” de la naturaleza. Construye nidos colgantes en forma de bolsa, que pueden superar el metro de largo, elaborados con fibras vegetales, hojas de palma y otros materiales que entreteje con gran precisión. Estos nidos suelen ubicarse en las ramas más altas de árboles que superan los 20 metros, formando colonias que pueden alcanzar hasta un centenar de estructuras.
En Xalapa, específicamente en el Santuario del Bosque de Niebla del Instituto de Ecología A.C., esta especie ha encontrado un espacio para establecerse. Desde 2018 se ha documentado su presencia en la zona, con un crecimiento progresivo en el número de nidos, a pesar de desafíos como las lluvias intensas que en años anteriores han provocado la caída de algunas estructuras.
Durante la temporada reproductiva, que inicia en febrero y concluye en junio, estas aves incrementan su actividad: realizan cortejos, construyen nidos, incuban huevos y crían a sus polluelos. Es en este periodo cuando también pueden mostrar un comportamiento territorial, como ocurrió durante un reciente avistamiento, donde una oropéndola reaccionó con inquietud ante la presencia humana cerca de su área de anidación.
A pesar de ello, la recomendación es clara: observarlas con respeto y mantener distancia para no alterar su entorno. Año con año, estas aves regresan al mismo sitio, consolidando una colonia que sigue creciendo y fascinando a quienes tienen la oportunidad de escucharlas y verlas en su hábitat natural.
La Oropéndola de Moctezuma no solo es un espectáculo visual, sino también sonoro: un recordatorio de la riqueza natural de Veracruz y de la importancia de conservar estos espacios únicos.
