

De la redacción
El Buen Tono
Orizaba, Ver.- La escalada de secuestros en la región no sólo exhibe la vulnerabilidad de la población, sino una falla estructural: la impunidad. Mientras los delitos se repiten, las respuestas institucionales siguen siendo insuficientes, lo que permite que este flagelo se afiance en el tejido social.
El vocero de la Diócesis de Orizaba, Helkyn Enríquez Báez, advirtió que el problema refleja una descomposición profunda tanto a nivel familiar como comunitario, y aunque existen unidades especializadas que logran rescates, la falta de castigo efectivo sigue siendo el principal incentivo para los delincuentes.
