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AGENCIA

La Habana, Cuba.- El Gobierno de Cuba reiteró su negativa a negociar con Estados Unidos posibles reformas políticas o económicas en la isla, en medio de una creciente presión por parte de Washington, que incluso ha recurrido al discurso de una posible acción militar.

Durante un encuentro internacional celebrado en la capital cubana con motivo del Primero de mayo, el canciller Bruno Rodríguez dejó claro que ningún asunto interno del país será puesto sobre la mesa en conversaciones bilaterales.

“El orden político y económico de Cuba no forma parte de conversaciones con los Estados Unidos. No discutiremos jamás los asuntos que competen a la soberanía, independencia y libre determinación del pueblo cubano”, afirmó.

El funcionario también lanzó una advertencia directa ante un eventual conflicto, al señalar que la isla respondería con firmeza. “Cuba sería un avispero, una trampa mortal y escenario de la guerra de todo el pueblo si el imperialismo estadounidense osara atacarnos”, expresó, subrayando que el país está preparado para defenderse tanto con ideas como con armas.

Rodríguez agregó que, aunque el Gobierno cubano se prepara para cualquier escenario, confía en que prevalezca la cordura para evitar una confrontación directa.

La tensión aumentó luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declarara que “tomará el control” de Cuba “casi de inmediato”, una vez que concluya otros frentes internacionales.

En respuesta, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) condenó las declaraciones del mandatario estadounidense, calificándolas de amenazantes y advirtiendo sobre el riesgo que representan para la estabilidad de América Latina y el Caribe. La organización llamó a la comunidad internacional a rechazar cualquier intento de intervención y a privilegiar el diálogo respetuoso.

Por su parte, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, acusó a Trump de escalar las amenazas a un nivel “peligroso y sin precedentes”, e instó a la comunidad internacional a pronunciarse ante lo que consideró un posible acto de agresión.

En paralelo, Washington ha endurecido su política hacia La Habana mediante nuevas sanciones que amplían las restricciones a empresas y personas extranjeras con vínculos comerciales con Cuba, especialmente en sectores estratégicos como energía, defensa y finanzas.

Desde inicios de año, la presión económica se ha intensificado con un bloqueo petrolero que ha limitado severamente el acceso a combustibles, provocando apagones constantes y una fuerte parálisis económica en la isla.

A pesar de que ambas naciones han reconocido la existencia de contactos diplomáticos en las últimas semanas, no se han revelado avances concretos, mientras el conflicto político y económico continúa escalando.

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