

Laura A. García
El Buen Tono
Amatlán.- Hoy, concluye la tradicional Feria de la Cruz y el Rosario en honor al Señor del Santuario, festividad que desde el pasado 1 de mayo congregó a varios visitantes.
La celebración, que gira en torno al 3 de mayo, Día de la Santa Cruz, representa una de las expresiones de fe y cultura más arraigadas de la región, combina actos litúrgicos con eventos populares que año tras año fortalecen la identidad amatleca.
La fiesta patronal tiene su origen en la llegada del Señor del Santuario al lugar, que ocurrió hace más de 265 años.
Congrega a personas del municipio y de la región. El programa de actividades de este año contempló tanto eventos religiosos como civiles.
El pasado domingo se realizó una procesión por las principales calles con el tabernáculo en el que iba la imagen del Señor del Santuario, tras ello se celebró una eucaristía. Posteriormente grupos culturales dieron realce a la festividad con sus coloridas representaciones.
Tradición
Uno de los momentos más significativos fue la presentación de jovencitas ataviadas con el tradicional huipil del municipio, prenda que portan con orgullo como símbolo de identidad y preservación de sus costumbres ancestrales.
La feria al día de hoy ofrece juegos mecánicos, exposiciones comerciales y una variedad de platillos típicos veracruzanos, antojitos mexicanos y productos regionales como la piña y la caña, cultivos emblemáticos del lugar.
El teatro del pueblo recibió a diversos artistas que pusieron a bailar a los asistentes, en un ambiente festivo que se extendió por las principales calles de la cabecera municipal.
La coordinación general estuvo a cargo del ayuntamiento que preside Guillermina Méndez López, con el apoyo de su cuerpo edilicio y directores de áreas.
Ritos
Como parte de las actividades culturales de la feria, se llevó a cabo la representación de la boda autóctona de Amatlán de los Reyes.
Se trató de un evento en el que se plasmó la travesía del antiguo varón ama-tleco cuando contraía matrimonio.
Fue una escenificación que incluyó pasajes como acudir ante las “casamenteras”, madrinas que mediaban en el arreglo nupcial, trabajar junto al padre de la futura esposa en las labores del campo, traer leña del cerro y compartir salsa picante como parte de las pruebas que debía superar el pretendiente.
La ceremonia, llena de matices propios de la comunidad, fue musicalizada por la marimba de Tito Olayo, reconocido músico tradicional de la región.
En esta representación también se mostraron las enseñanzas que recibía la mujer amatleca antigua, entre ellas la preparación de tortillas hechas a mano, el uso del metate con metlapile y el molcajete, utensilios fundamentales en la cocina tradicional que simbolizan el legado culinario transmitido de madres a hijas.
La presentación del evento se realizó en idioma náhuatl, con la interpretación del Xochipitzahuatl, canto ceremonial de raíces prehispánicas, a cargo de Elide Concepción Corona Arias, entre otros.
