EL BUEN TONO
Orizaba, Ver.- La seguridad pública en Orizaba no está amenazada por una sofisticada red criminal, sino por algo más burdo y vergonzoso: una guerra de egos entre dos mandos que se disputan el control de la Policía Municipal mientras en la ciudad se “desatan” los asaltos.
La administración municipal, lejos de poner orden, ha observado en silencio cómplice cómo el experimento de un mando que tiene dos cabezas, entre un asesor que manda y un director que obedece, han condenado a los elementos a la confusión y a los ciudadanos a la indefensión.
Alfredo Álvarez Valenzuela, nombrado como “asesor”, ejerce en los hechos el control estratégico de la corporación, mientras Jesús Ignacio Villalobos Santos, el director con nombramiento público, es apenas su operador subordinado. El resultado de esta duplicidad burocrática no es un relevo generacional ni una modernización policial, si no más bien una fractura operativa que se paga con robos a plena luz del día en la periferia de la Ciudad Judicial y en zona centro que antes no figuraba en el mapa del delito, resultado de que cuando hay dos cabezas, ninguna responde.
Lo más alarmante es que este desastre organizacional no fue un accidente, sino una ocurrencia impulsada por integrantes de la iniciativa privada que presionaron por la llegada de Alfredo Álvarez Valenzuela con la promesa de nuevas estrategias. La cruda realidad demuestra que los empresarios pueden invertir en seguridad, pero no deberían diseñar organigramas policiales a modo. Apostaron a un nombre y hoy cosechan una corporación dividida, elementos desorientados y una respuesta deficiente ante los delitos que ellos mismos sufren.
Se conoció que la noche del martes se efecto una reunión privada entre la Mesa de Seguridad y el sector empresarial para exigir resultados a Jesús Villalobos Santos, por la serie de situaciones de inseguridad en Orizaba, y fue ahí donde la lucha de egos por el mando salió a relucir.
