AGENCIA
Ciudad de México.- Aunque el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportó una reducción en la pobreza laboral durante el primer trimestre de 2026, la realidad detrás de las cifras sigue reflejando profundas desigualdades, salarios insuficientes y millones de mexicanos atrapados entre el empleo precario y el alto costo de vida.
El indicador nacional se ubicó en 30.7 por ciento (%), una disminución frente al 33.9% registrado en el mismo periodo de 2025. En términos oficiales, esto significa que menos personas dependen de ingresos incapaces de cubrir siquiera la canasta alimentaria básica.
Sin embargo, el dato también revela una realidad alarmante: prácticamente tres de cada diez mexicanos continúan trabajando sin ganar lo suficiente para alimentarse adecuadamente.
Aunque el gobierno federal presume avances derivados de incrementos salariales y recuperación económica, especialistas advierten que la mejora estadística no significa necesariamente estabilidad financiera para las familias, especialmente en un contexto marcado por inflación persistente, encarecimiento de vivienda, transporte y servicios básicos.
El informe del Inegi muestra que las zonas rurales siguen siendo las más golpeadas. Ahí, la pobreza laboral alcanzó el 44.2%, reflejando que casi la mitad de quienes viven y trabajan en comunidades rurales continúan sin ingresos suficientes para cubrir necesidades básicas.
En estados históricamente rezagados como Chiapas, Oaxaca y Guerrero, los niveles de pobreza laboral siguen siendo críticos, superando incluso el 47% de la población trabajadora.
Esto evidencia que el crecimiento económico y los aumentos salariales no han llegado de forma igualitaria a todo el país.
Otro de los puntos que exhibe el informe es la persistente desigualdad laboral. Aunque el ingreso promedio mensual nacional fue de poco más de 8 mil pesos, la brecha entre trabajadores formales e informales continúa siendo enorme.
Mientras un trabajador formal percibe en promedio más de 11 mil pesos mensuales, quienes sobreviven en la informalidad apenas alcanzan ingresos cercanos a los 5 mil 700 pesos.
La situación es todavía más delicada para millones de personas que laboran sin seguridad social, prestaciones o estabilidad, pese a formar parte de la fuerza laboral activa del país.
La desigualdad de género también permanece presente. Las mujeres continúan ganando menos que los hombres, aun cuando sus ingresos crecieron a mayor ritmo durante el último año.
Además, expertos advierten que muchos de los incrementos salariales han sido absorbidos rápidamente por el aumento en precios de alimentos, renta y combustibles, reduciendo el impacto real en el poder adquisitivo de las familias.
Aunque el Inegi reportó una disminución en la desigualdad medida por el coeficiente de Gini y un crecimiento de la masa salarial, la percepción cotidiana para millones de mexicanos sigue siendo la misma: Trabajar más para apenas sobrevivir.
La recuperación económica que muestran las estadísticas aún no logra traducirse plenamente en bienestar sostenido para amplios sectores de la población.
El descenso de la pobreza laboral representa una señal positiva, pero también deja al descubierto un problema estructural que continúa sin resolverse: En México, tener empleo no garantiza salir de la pobreza.
Mientras casi un tercio de la población trabajadora sigue sin poder cubrir lo básico con su salario, el desafío no solo es generar empleos, sino garantizar que éstos permitan vivir con dignidad y no únicamente mantenerse al límite de la subsistencia.
