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De la Redacción | El Buen Tono

Nanchital, Ver.- Tras la privación de la libertad de la directora de “Pulso Informativo” y “El Diario del Istmo” en Nanchital, surgen señalamientos sobre los antecedentes criminales de su esposo ejecutado, conflictos con ex compañeros y presuntos negocios de préstamos informales que habrían derivado en amenazas.

La mañana de este 2 de junio de 2026, un comando armado irrumpió en el domicilio de la periodista Roxana Berenice Guzmán Ramírez, directora de los medios digitales Pulso Informativo del Sureste y El Diario del Istmo, en el municipio de Nanchital, al sur de Veracruz. Alrededor de las 06:00 horas, sujetos armados con armas largas derribaron la puerta de la vivienda —utilizando un marro, según el video que circula en redes— y privaron de la libertad a la comunicadora, llevándosela con rumbo desconocido. La Fiscalía General del Estado de Veracruz ya inició una carpeta de investigación y desplegó un operativo en la zona, sin que hasta el cierre de esta edición se reporten personas detenidas.

El secuestro ocurre apenas cinco días después de que se le retirara la escolta que protegía a la periodista, quien contaba con el mecanismo de protección desde 2020, tras el asesinato de su madre.

Sin embargo, el perfil de Roxana Ramírez dista mucho del de una comunicadora tradicional. Diversas líneas de investigación que corren en círculos periodísticos y judiciales señalan que detrás de su faceta como directora de medios se oculta una red de contactos y actividades que podrían explicar la violencia que hoy la tiene en calidad de desaparecida.

El pasado criminal de su ahora esposo fallecido es el punto de partida que ubica a Roxana Ramírez en el radar de las autoridades. Carlos Fernández Escalante, alias “El Loco”, fue ejecutado la noche del viernes 10 de marzo de 2017 en el municipio de Nanchital, a unos metros de su esposa, la periodista. El crimen ocurrió cuando el hoy occiso circulaba a bordo de una camioneta sobre la calle 18 de Marzo en la colonia Centro del municipio petrolero, momento en el que fue interceptado por sujetos armados que le dispararon en al menos siete ocasiones. Aunque fue trasladado de urgencia a un hospital, minutos después perdió la vida. La escena, en medio de un charco de sangre, fue resguardada por autoridades locales mientras iniciaban las pesquisas.

Pero los antecedentes de “El Loco” datan de años antes. En 2012, elementos de las Fuerzas Armadas detuvieron a Fernández Escalante en posesión de armas de fuego de uso exclusivo del Ejército, así como droga. La detención lo vinculó de manera directa con células del crimen organizado que operaban en la zona sur de Veracruz. Tras recuperar su libertad, en diciembre de 2015 fue víctima de un primer atentado en el que recibió al menos tres impactos de bala; aunque se llegó a difundir que había muerto en esa ocasión, los médicos del Hospital Comunitario de Coatzacoalcos lograron salvarle la vida. Las líneas de investigación apuntaban a una “venganza por viejas rencillas”, es decir, un ajuste de cuentas derivado de sus nexos previos con grupos delictivos.

Fuentes consultadas por este medio señalan que la propia Roxana Ramírez no solo era consciente de las actividades ilícitas de su esposo, sino que habría fungido como vocera o enlace de “El Loco” ante algunos grupos rivales en la región, en un intento por mediar conflictos entre organizaciones que se disputaban rutas de extracción de hidrocarburo y territorios en el sur de Veracruz.

En el plano estrictamente periodístico, el nombre de Roxana Ramírez también ha estado envuelto en disputas. En fechas recientes, al menos dos ex integrantes de su medio de comunicación la habrían confrontado por presuntos manejos irregulares dentro de la empresa. Según testimonios recabados por esta casa editorial, las diferencias escalaron hasta el punto de las amenazas verbales y la intervención de instancias legales para dirimir conflictos laborales.

Si bien los implicados no han ofrecido declaraciones públicas por temor a represalias, el contexto de violencia que rodea a la directora del portal hace que cualquier rencilla interna cobre dimensiones inusitadas. Algunos analistas no descartan que el secuestro pueda estar relacionado con un ajuste de cuentas derivado de estos conflictos gremiales.

Otra arista que ha comenzado a perfilarse en redes sociales y foros de discusión ciudadana es la presunta dedicación de Roxana Ramírez a actividades de préstamos informales, conocidos popularmente como “tandas” o “préstamos con intereses”, en los que habría fungido como prestamista en la región de Nanchital y municipios aledaños. Se asegura que manejaba montos que iban desde los 500 hasta los 50 mil pesos, y que la cobranza se realizaba con métodos que habrían generado múltiples conflictos.

Vecinos y conocidos de la comunicadora han manifestado en plataformas digitales que Roxana “prestaba dinero con intereses elevados” y que “no daba chance de pagar a plazos”, lo que habría ocasionado problemas con varias personas que no pudieron cumplir con los pagos. Si bien se trata de versiones no confirmadas oficialmente, el patrón de comportamiento que describen algunos testimonios —mismos que este medio ha decidido no reproducir textualmente por no contar con el debido soporte documental— coincide con el perfil de una mujer que operaba en varias esferas de poder local: los medios de comunicación, la política regional y las finanzas informales.

Organizaciones defensoras de la libertad de expresión, como ARTICLE 19, han exigido a las autoridades que consideren la labor periodística de Roxana Ramírez como una línea prioritaria de investigación. Sin embargo, las múltiples aristas aquí expuestas sugieren que el móvil del secuestro podría estar lejos del ejercicio periodístico y más cerca de los oscuros círculos en los que se desenvolvía su círculo cercano.

La Fiscalía General del Estado informó que mantiene activo el operativo de búsqueda y que se han comisionado fiscales, peritos y policías ministeriales para realizar las indagatorias. Este medio intentó obtener una postura oficial sobre los señalados vínculos de la comunicadora con las actividades ilícitas de su esposo, así como respecto a los conflictos con ex colaboradores y las actividades de préstamo informal, pero al cierre de esta edición no se recibió respuesta.

Roxana Berenice Guzmán Ramírez sigue en calidad de desaparecida. La incógnita sobre su paradero es, hoy por hoy, la única certeza que envuelve a esta historia tejida con los hilos del crimen organizado, las rencillas internas del periodismo regional y las finanzas informales que la colocaban al filo de la ley.

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