AGENCIA
Ciudad de México.- El Gobierno federal anunció una estrategia nacional para contener el aumento en el precio del jitomate mediante acuerdos con productores, centrales de abasto y cadenas comerciales. Sin embargo, la medida ha reavivado cuestionamientos sobre la falta de políticas preventivas y apoyos estructurales para el campo mexicano, que enfrenta desde hace años problemas de financiamiento, sanidad vegetal, infraestructura y comercialización.
La decisión surge después de que el kilogramo de jitomate alcanzara precios superiores a los 100 pesos en algunas regiones del país, afectando directamente la economía de millones de familias mexicanas. Aunque las autoridades buscan estabilizar el mercado mediante una mejor coordinación entre productores y distribuidores, especialistas y agricultores advierten que el problema va mucho más allá de la comercialización.
Las propias autoridades reconocieron que el incremento fue provocado por plagas, afectaciones fitosanitarias y una reducción en las superficies sembradas. No obstante, productores señalan que esas situaciones no aparecieron de manera repentina, sino que son consecuencia de años de insuficiente atención al sector agrícola.
Mientras el Gobierno busca contener los efectos del problema cuando los precios ya se dispararon, miles de agricultores continúan enfrentando dificultades para acceder a créditos, seguros agrícolas, programas de tecnificación, sistemas de riego y apoyos oportunos para combatir enfermedades y plagas que afectan sus cultivos.
La estrategia oficial plantea reducir intermediarios y fortalecer la venta directa entre productores y compradores. Sin embargo, diversos sectores agrícolas consideran que estas acciones llegan tarde, pues la crisis de producción ya impactó tanto a consumidores como a quienes trabajan la tierra.
La situación resulta particularmente sensible porque el jitomate es uno de los productos más importantes de la agricultura nacional y uno de los alimentos básicos en la dieta de los mexicanos. Cuando su precio se dispara, las consecuencias se reflejan de inmediato en los hogares, restaurantes y pequeños comercios.
Productores han insistido en que el verdadero desafío no es únicamente estabilizar los precios cuando surge una crisis, sino construir condiciones que permitan prevenirla. Entre sus demandas destacan programas permanentes de sanidad vegetal, mayor inversión en infraestructura agrícola, apoyo para enfrentar fenómenos climáticos y mecanismos que garanticen rentabilidad a quienes producen alimentos.
Aunque el Gobierno asegura que más de 12 mil productores podrían beneficiarse con el nuevo esquema, persisten dudas sobre si las medidas anunciadas resolverán los problemas de fondo o únicamente mitigarán temporalmente las consecuencias de una crisis que se gestó desde el campo.
Para numerosos agricultores, el aumento del jitomate es una muestra más de una realidad que se repite constantemente: Las autoridades suelen intervenir cuando los precios afectan a los consumidores, pero el respaldo al productor continúa siendo insuficiente cuando enfrenta plagas, pérdidas por sequía, altos costos de insumos o dificultades para comercializar sus cosechas.
El reto no solo consiste en evitar que el jitomate vuelva a alcanzar precios históricos, sino en fortalecer un sector agrícola que durante años ha reclamado atención integral para garantizar la producción de alimentos y la estabilidad económica de miles de familias que dependen del campo mexicano.
¿Y cómo controlará el precio si no hay apoyo al campo? Consuman jitomate, es el negocio de los campesinos no del gobierno hace un año se estaba tirando y nadie apoyó al productor, ahora que está carito hasta quieren dejar de comerlo.
