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AGENCIA

Ciudad de México.- Apenas un mes después de que Ariadna Montiel asumiera la dirigencia nacional de Morena con la promesa de aplicar una política de “cero tolerancia a la frivolidad”, el partido ya enfrenta nuevos casos que evidencian la distancia entre su discurso de austeridad y las conductas de algunos de sus representantes.

En menos de 30 días, dos servidores públicos emanados de Morena han sido sometidos a procedimientos sancionadores por exhibir lujos, viajes exclusivos y eventos ostentosos que contrastan con los principios que el partido asegura defender desde su fundación.

El caso más reciente involucra al tercer regidor de Tulum, Eliazar Mas Kinil, quien fue denunciado ante la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia (CNHJ) luego de difundirse imágenes y videos donde aparece viajando en un jet privado, utilizando prendas de lujo y realizando viajes al extranjero.

La propia CNHJ reconoció en el expediente abierto contra el funcionario que estas conductas representan una contradicción evidente con los principios de austeridad, sencillez y combate a los privilegios que Morena promueve públicamente.

La investigación incluye más de una veintena de notas periodísticas, fotografías y grabaciones que documentan el estilo de vida que el regidor ha mostrado públicamente.

Sin embargo, el caso ha generado cuestionamientos sobre cómo funcionarios que llegaron al poder bajo la bandera de la austeridad republicana terminan exhibiendo formas de vida asociadas precisamente a los privilegios que el movimiento prometió erradicar.

A este episodio se suma el del alcalde de Chignahuapan, Puebla, Juan Rivera Trejo, quien también enfrenta un procedimiento interno por la lujosa fiesta de XV años organizada para su hija.

La celebración, difundida ampliamente en redes sociales, provocó críticas debido al despliegue de recursos y al contraste con el discurso de sobriedad que Morena exige a sus militantes y servidores públicos.

Ante ello, la dirigencia nacional ordenó una investigación y la CNHJ le impuso medidas cautelares que le prohíben realizar o difundir eventos considerados ostentosos mientras se desarrolla el procedimiento.

Los propios comisionados del órgano interno reconocieron que existen elementos suficientes para considerar que las conductas observadas podrían constituir faltas graves que afectan la imagen, los principios y la credibilidad del partido.

Más allá de las sanciones, ambos casos han puesto nuevamente bajo la lupa el comportamiento de algunos funcionarios que, una vez instalados en cargos públicos, parecen alejarse de los principios que les permitieron llegar al poder.

Para analistas y críticos, los expedientes abiertos reflejan un problema más profundo dentro de Morena: la creciente distancia entre el discurso de austeridad y la práctica de algunos de sus representantes, quienes continúan protagonizando episodios de ostentación que alimentan la percepción de incongruencia entre las promesas políticas y la realidad.

Mientras la dirigencia intenta enviar un mensaje de disciplina interna, los casos de Tulum y Chignahuapan muestran que la llamada austeridad republicana sigue enfrentando desafíos dentro de las propias filas del partido gobernante.

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