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De la redacción
El Buen Tono

El dolor y la desesperación se han apoderado de miles de familias en Venezuela tras los devastadores sismos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron el país hace seis días, dejando un saldo de 1,943 personas fallecidas y más de 10,571 heridas, de acuerdo con los reportes más recientes.

En un cementerio de Caracas, una madre rompió en llanto mientras despedía a su hija y a su nieto, víctimas de la tragedia. Entre gritos de angustia, la mujer pedía que le devolvieran a sus seres queridos, en medio de una ceremonia marcada por el dolor y la impotencia. En el mismo acto también fue cremado el yerno de la familia, quien trabajaba como escolta de una misión diplomática.

Las autoridades y trabajadores de servicios funerarios han confirmado que la zona más afectada ha sido La Guaira, donde el colapso estructural tras los sismos dejó escenas de destrucción total y un número aún indeterminado de desaparecidos.

En el Cementerio del Este, uno de los principales de la capital, el flujo de cuerpos ha superado la capacidad habitual. Según personal del lugar, en los últimos días se han recibido decenas de fallecidos diariamente, en su mayoría trasladados desde las zonas costeras afectadas. Las instalaciones funerarias operan al límite, con cremaciones que han superado los entierros tradicionales debido a la saturación de espacios.

Trabajadores del recinto señalaron que en algunos casos se han colocado hasta seis cuerpos en una sola capilla debido a que pertenecen a la misma familia. También se informó que los costos de servicios funerarios han representado una carga adicional para muchas familias en medio de la emergencia.

Mientras tanto, en otras zonas de Caracas, como el Cementerio General del Sur, se han habilitado nuevos espacios para recibir cuerpos no identificados o de familias sin recursos, ante la magnitud de la tragedia.

En la morgue de Bello Monte, la situación también ha sido crítica. Testimonios de ciudadanos describen escenas de caos durante los primeros días posteriores a los sismos, con llegada constante de cuerpos en vehículos particulares y motocicletas, muchos de ellos sin identificación clara. Aún continúan las labores de búsqueda de personas desaparecidas, mientras el país intenta enfrentar una de las crisis humanitarias más graves de los últimos años.

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