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De la Redacción

El Buen Tono

Orizaba.- La laguna de El Chirimoyo permanece en un estado crítico de abandono, atrapada en un limbo jurídico que el ayuntamiento de Orizaba parece utilizar como escudo para justificar su parálisis operativa. A pesar de que el juez de la causa ya determinó que se realice la limpieza del embalse, con la condición de no emplear maquinaria pesada, el alcalde Hugo Chahín Kuri insiste en que se encuentra a la espera de “nuevas determinaciones”, una postura que raya en la negligencia administrativa.

Mientras el municipio se escuda en alegatos judiciales, el lirio acuático avanza y convierte el vaso regulador en una bomba de tiempo ecológica. Hugo Chahín Kuri reconoció el riesgo inminente de que las lluvias arrastren la planta y colapsen la red de drenaje pluvial.

A pesar de ello, dijo que la administración prefiere esperar una notificación judicial adicional antes de mover una sola pala. La postura del munícipe resulta contradictoria y peligrosa. Por un lado, afirma que “siempre pensando en el bienestar de la población” se actuará, pero por el otro, supedita la seguridad de los orizabeños a los tiempos de la burocracia judicial.

El argumento de “no actuar hasta tener certeza” ignora la urgencia de las lluvias, un ciclo predecible que el municipio debió haber previsto.

El ayuntamiento olvida que el vaso regulador debe almacenar agua para evitar inundaciones, como recomienda la Conagua. Sin embargo, en Orizaba, la recomendación técnica y la orden judicial chocan con una barrera política que retrasa la acción.

La ciudadanía y el patrimonio de la zona bajas quedan, una vez más, en segundo plano. Mientras el alcalde asegura ser “respetuoso de la ley”, la naturaleza y el lirio ganan terreno. El gobierno municipal de Orizaba tiene la herramienta legal para actuar, la orden judicial ya está dada, y la obligación moral de prevenir una catástrofe. Sin embargo, la decisión de esperar un fallo “sobre los alcances” suena más a excusa que a precaución. 

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